embarazo arcoiris

Belly Painting. Un recurso para reforzar el vínculo.

En mi anterior post (puedes leerlo aquí) os hablaba de lo que supone, desde mi punto de vista, estar embarazada de nuevo después de perder un bebé. Como en todo, cada mujer lo sentirá de una manera distinta, y cada situación se puede abordar desde muchos ángulos. Pero si que hay un aspecto que suele ser común, y es la preocupación que puede existir con respecto al vínculo con este nuevo bebé que se está gestando.

Cuando estamos de nuevo embarazadas, no dudamos de que sentiremos por este hijo un amor infinito. Pero puede preocupar el hecho de no vincularse con él durante el tiempo que dura el embarazo. Sentimos miedo de “encariñarnos” y que también muera, porque ya sabemos que eso es algo que escapa a nuestro control y que puede pasar. Así, muchas mujeres temen hablarle, enamorarse de nuevo. La mayoría no anuncian su nuevo embarazo hasta que éste está muy avanzado. Pero los remordimientos y la culpa también suelen aparecer, porque podemos sentir que no le estamos dando a este hijo todo el amor que merece. Es una situación difícil a nivel emocional y en la que nos sentimos incomprendidas por gran parte de la sociedad.

Hoy os quiero traer un recurso precioso para reforzar ese vínculo, para dedicarte un tiempo para ti y tu nuevo embarazo. Os hablo del Belly Painting.

Hace un par de meses, me llegó un mail de Patricia, de Belly Painting Valencia, en el que me decía que podríamos colaborar de alguna manera. Y se nos ocurrió esto. Ella trabaja con las embarazadas en su estudio, les realiza una sesión de pintura en sus incipientes barriguitas (o “barrigotas”), y después hacen una sesión de fotos. Cuando entré en su web, quedé fascinada. El trabajo es espectacular, y el arte y la emoción que transmite es inmenso.

Así que nos pusimos a pensar, y ella recordó que hace unos meses realizó una sesión a una mamá, Mayte, que estaba embarazada de su bebé arco iris. Le pedimos un escrito, y aquí os lo traigo:

Después de la tormenta siempre llega la calma

“El arco iris siempre me ha parecido un fenómeno meteorológico de lo más curioso y bonito, pero desde hace dos años para mí tiene un significado mucho más especial. Desde hace casi dos años somos papás arcoíris. En el 2014 nuestra primera hija Chloe murió, estaba embarazada de siete meses.

A los bebés que nacen sin vida se les llama bebés mariposa. Chloe se puso sus alitas, le dimos sus primeros y últimos besos y se fue directa a su estrella dejándonos un enorme vacío en el alma y sumidos en una gran oscuridad. Recordar su preciosa cara era el único momento de paz que teníamos. Cinco meses después nos llegó su gran regalo, su rayito de luz, de nuevo éramos papás. Y digo éramos porque el amor no empieza con la vida ni acaba con la muerte, desde ese instante nos acabamos de convertir en papás de un precioso arcoíris.

Los bebés arcoíris son los que nacen después de una pérdida, los que devuelven a las familias la luz, la alegría, la esperanza, sin olvidar la tormenta anterior, por lo que hemos pasado.

Fue un embarazo precioso lleno de miedos, no lo voy a negar. Cada ecografía era un infierno. Pero lo disfrute al máximo, hice de todo con mi barriga, fotos, moldes, pinturas…quería tener todo tipo de recuerdos. Así es como conocí a Belly Painting Valencia, ellas me pintaron la barriguita con la temática que más nos podía identificar, el arcoíris. Las fotografías de esta sesión reflejan el amor que sentimos hacia nuestras hijas. Quería compartir con mi niña la felicidad que sentía cada día.

¡Si! ¡De nuevo niña! Ella iluminaba nuestros días y hacía crecer la esperanza, esta vez, todo iría bien. El 5 de agosto del 2015, en el mismo hospital donde su hermana nos dijo adiós, le dimos la bienvenida a nuestro arcoíris, tras un largo parto que acabó en cesárea supongo que por mi bloqueo emocional.

Audrey llegó para quedarse. Y nuestro mundo nada más verle la cara se llenó de color. Esa sensación de pureza, como el olor a tierra mojada cuando llueve… como el brillante arcoíris que se dibuja en el cielo tras una horrible tormenta. Esa es la sensación.

Es el sentimiento que te recorre el cuerpo cuando tienes a tu bebé en brazos, mirándote, y recordé inevitablemente a Chloe… y le di gracias por este maravilloso regalo, porque su tormenta no sólo han sido truenos y oscuridad. Porque su partida nos ha hecho apreciar aún más la vida.

A menudo la gente te dice que con el nuevo bebé podrás superar la pérdida y se equivocan, nunca se supera la muerte de un hijo, sino que se aprende a vivir con ello. Los arcoíris nos ayudan a levantarnos por la mañana con un motivo más para sonreír.

Soy Mayte, mamá de Chloe y Audrey. En el cielo y en la tierra.

Este precioso texto es el relato de una madre que ha vivido la muerte y la vida de sus dos hijas. Y suscribo cada palabra, cada emoción, porque yo también lo sentí así.

Un nuevo embarazo después de una pérdida no es fácil de sobrellevar, pero como veis, hay maneras de disfrutar también de este nuevo proceso con ilusión y entusiasmo, para contrarrestar el miedo, para pelear contra la sombra de la muerte.

Espero que os haya gustado leer a Mayte tanto como a mí, y espero que este recurso que os traigo os pueda dar una idea para vivir plenamente vuestro embarazo arcoíris.

Gracias  a Patricia de Belly Painting Valencia y gracias a Mayte por su enorme colaboración.

 

arcoíris·Nuevo embarazo

¿Qué es un bebé arco iris?

Un bebé arco iris Es un nuevo bebé que nace después de la pérdida de uno anterior. Es el entendimiento de que la belleza de un arcoíris no niega la ferocidad de la tormenta. Cuando aparece un arcoíris no significa que la tormenta nunca sucedió o que la familia no está lidiando con su dolor. Lo que significa es que algo hermoso y lleno de luz apareció en medio de la obscuridad de las nubes. Las nubes de la tormenta pueden todavía amenazar, pero el arcoíris provee un balance de color, energía y esperanza.” (www.maternidadarcoiris.com)

Así es. Después de una o varias pérdidas, un nuevo embarazo trae de vuelta una pequeña rendija abierta a la esperanza, a la ilusión. No es un final feliz, ni mucho menos. Es un nuevo comienzo, un nuevo paso adelante. La potencia que traen las ganas de dar vida.

Pero no es fácil. Normalmente, estos embarazos vienen cargados de miedo, de inseguridad, de ansiedad. Se vive en un viaje constante entre la alegría y la nostalgia, entre lo que no pudo ser y lo que quizá sea. Porque llegados a este punto, ya sabemos que nuestros hijos pueden morir, que un test positivo no es igual a un bebé en brazos. Porque se pierde la inocencia, y creo que es para siempre.

Durante estos nueve meses, la familia se puede sentir incomprendida. Si, incomprendida. Porque mientras los de alrededor ven “el problema resuelto”, ellos saben que no es así. Que su nuevo bebé no puede sustituir al que murió; que por más hijos que tengan, no olvidarán su pérdida; que el hijo que se fue ocupa un lugar tan grande en su corazón, que no puede ser reemplazado por nada. Nos enfrentamos de nuevo a nuestro querido tabú, a nuestras queridas frases hechas, al “ahora ya seréis felices”. A todo esto, que ya nos acompaña en el duelo y que no deja de estar presente en un nuevo embarazo.

Muchas mujeres dicen tener miedo a vincularse con el bebé que viene en camino. Es un sentimiento contradictorio porque, por una parte, tienen miedo de vincularse y que también esté bebé muera; pero por otro, tienen miedo de no hacerlo, y que muera, y no haberle dado el amor que merecía mientras estaba aquí. De hecho, muchas parejas no anuncian su nuevo embarazo hasta que éste ya está muy avanzado. Es una época de caos emocional, de culpa, de pena…pero a la vez, de luz.

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de “No te pongas nerviosa, que se lo pasas al bebé”? Bien, pues una mamá que tiene un nuevo bebé en su vientre, inevitablemente va a vivir momentos de ansiedad, y tiene derecho. Todo el derecho del mundo. Y no debería sentirse mal por ello.

Se dice que los bebés arco iris son especiales, que tienen un brillo diferente. Y yo creo que es cierto. Estos bebés se gestan entre el miedo, entre miles de nervios, a menudo entre visitas constantes al médico. Frecuentemente se enfrentan a partos poco respetados, por la misma razón: el miedo a que todo salga mal, la presión social para dejarte llevar por las manos médicas, que son “las que saben”. Porque cuando llegas al hospital con un antecedente de muerte gestacional o neonatal, quedas catalogada como “alto riesgo”, como un sello grabado a fuego en la frente.

Y todo eso, estoy segura, influye. Y nacen fuertes pero sensibles, con una responsabilidad que no les toca pero que sin querer les atribuimos. La responsabilidad de quedarse, de aplacar el dolor, de llenar un poco el vacío. Vienen también con la certeza de que la vida es un regalo, que no hay nada que te pueda garantizar que mañana estarás aquí.

Gary, como ya sabéis, es un bebé arco iris. Él llegó para quedarse dos años y medio después de la muerte de su hermano. Y durante su embarazo, no hubo ni un sólo día en el que durmiera tranquila y confiada. Ni uno, os lo aseguro. Me pasaba el día pendiente de sus movimientos, los contaba, y si había algún rato en el que no se movía, me daba golpecitos o comía algo muy dulce para que despertara. Podéis leer el post en el que cuento su embarazo aquí.

Tenía control en dos ginecólogos diferentes; cada dos semanas, tres a lo sumo, ecografía; me pinchaba la heparina a diario desde el inicio del embarazo, me cuidaba, iba a nadar, no comía ninguna de las mil cosas prohibidas para embarazadas… Era pura ansiedad y pura obsesión. Recuerdo que acudía siempre a las ecografías con un nivel de ansiedad muy alto, que después, al ver que todo estaba bien, me relajaba. Pero al día siguiente, vuelta a empezar. Un caos emocional absoluto, y una culpabilidad tremenda.

Culpabilidad también por Jael, porque de repente me veía inmersa en una nueva ilusión y sentía que lo estaba reemplazando. Ese sentimiento de “si tu no te hubieras ido, Gary no estaría aquí”. Y la verdad es que es cierto, Gary no estaría aquí de no ser por la muerte de Jael. Podría haber tenido otro hijo en el mismo momento, pero no sería Gary.

 

Así que de ese vértigo, nació mi segundo hijo. Y sin ánimo de etiquetar, es un niño especial. Es un niño inquieto y nervioso, porque se gestó en una cuna inquieta; es un niño que consuela, porque me escuchó llorar mil veces; es un niño cariñoso y sensible, porque sabe que lleva dentro el amor de dos; es seguro, porque sabe que no hay niño en el mundo más deseado y amado que él; y es un niño que tiene una luz diferente, porque se necesita mucha luz después de una tormenta.

Sé que pensaréis que todo esto es amor de madre puro y duro, que también. Pero es que no sólo lo veo en Gary, lo veo en todos los niños que han nacido después de la muerte de su hermano. Lo veo en Max, en Eluney, en Nahual. Lo veo en Eric, en Darien, en Elia. En todos. Cada uno en su forma y cada uno a su manera, pero son especiales.

Para terminar, decir que no tenemos porqué pasar por esta etapa solas. Hay recursos, hay opciones, hay profesionales dispuestas a escucharte. En concreto os recomiendo a una buena amiga, Anna Escudé, y a su proyecto Maternidad Arcoíris. Con él os tiende la mano para transitar por este camino de dudas, desde una visión respetuosa y amorosa, y desde la experiencia propia que le han otorgado sus cinco hijos.

“Que la luz del Sol se abra paso entre las nubes y te permita ver el más bello de los arcoíris”

Gracias.

 

 

duelo gestacional y neonatal

No quiero olvidar

La otra noche tuve un sueño de esos que trascienden, que aprietan el recuerdo, que erizan el vello. Esos sueños que llegan sin motivo aparente y que desmontan la realidad a la que estamos acomodados.

Soñé que tenía otro hijo. Su nombre, Óscar. No sé porqué Óscar, pero ese era su nombre. Así de real era el sueño.

Soñé que todo se repetía: una cesárea con anestesia general, un bebé muy prematuro. Yo estaba de pie, a las puertas de una sala en un pasillo oscuro, y Raúl me decía que nuestro hijo se moría. Y yo, en mi estado de semi-inconsciencia, me decía a mí misma que no podía estar pasándome esto otra vez. Que ni siquiera me había dado tiempo a verlo, que solamente tenía un día. Que no conocía a mi hijo y ahora se estaba muriendo. Y sentí la prisa, la urgencia por abrazarlo, por acompañarlo en su muerte como hice con Jael. Y sentí que esta vez sabía lo que tenía que hacer, porque no era la primera vez. Me vi en este sueño elaborando una caja de recuerdos, buscando una cámara para hacerle fotos, pensando cómo sería el entierro.

Pero lo que más me asombra es que sentí el dolor intenso otra vez, la demolición de mi mundo, otra vez. Lo sentí tan cierto, tan real, que cuando desperté me costó creer que sólo había sido una pesadilla. Y me costó, también, descubrir que esa pena tan inmensa se había disipado en mi vida.

La verdad, no sé cómo he sido capaz de “olvidar” eso. No sé cómo, pero he sido capaz de recomponer todos esos pedazos y seguir con mi vida. No con la vida de antes, con una nueva y completamente diferente, ajena a la inocencia que te da un primer embarazo.

Y me di cuenta de que no quiero olvidar eso. No quiero olvidar esas lágrimas, ese dolor tan intenso, ese pellizco en el alma. Esa pena desgarradora que te hace gritar y sollozar en la ducha. No quiero olvidar lo que se siente cuando te despides de lo que más amas, lo que es estar dentro del pozo.

Pero lo cierto es, que aunque jamás se olvida, ese desastre emocional se difumina con los años. Recuerdo que las chicas del grupo me lo decían: “Todo esto pasará”, “Un día no dolerá tanto”. Y al principio, no las creía, no podía creerlas. Tampoco quería creerlas, porque para mí Jael era eso, dolor. Lo sentía como “mi deber como madre”, y si el dolor se iba…¿Qué clase de madre sería si era capaz de volver a ser feliz sin él? Pero esa es la gran verdad del duelo, que no dura eternamente, que poco a poco se va transformando y tan sólo te queda el amor y quizá un poco de nostalgia por lo que pudo ser y no fue.

El caso es que la sacudida que me trajo Óscar en un sueño me ha hecho reflexionar. Me ha traído sentimientos enterrados, recuerdos oscuros de las lágrimas que vivimos. Y cuando digo que no quiero olvidar no me refiero a que quiero vivir en ese dolor para siempre, ni mucho menos. Aunque quisiera, no creo que pudiera, porque hoy Jael es mucho más que muerte, mucho más.

Pero si quiero recordar de dónde viene esta nueva Yo, cuáles son los cimientos en los que se apoya mi nueva vida. Quiero recordar esto al acercarme a otra madre que pasa por ello ahora mismo, poder ponerme en su piel de verdad, ofrecer un abrazo sincero y una visita a ese mundo en el que yo ya estuve. No quiero quedarme en el “Un día dolerá menos”, porque se que es cierto y se que puede reconfortar, pero hasta que ese día llega, hay mucha oscuridad y mucho miedo.

Y sobretodo, sobretodo, quiero quedarme con todo lo que trajo Jael a mi vida, también con el recuerdo de esa pena devastadora, aunque hoy sólo sea un recuerdo.

Es curioso, nunca sueño con Jael aunque lo deseo con todas mis fuerzas cada noche, antes de dormir. Quién sabe, quizá este sueño haya sido un guiño suyo 😉

 

duelo gestacional y neonatal

Feliz Día de la Madre. A todas.

Día de la Madre. Un día de celebraciones, en el que se pretende felicitar a las mamás por su labor, por su entrega y dedicación.

Siempre digo (y lo siento Esther, que sé que no estás de acuerdo) que ser madre es duro, de principio a fin. Porque desde el momento en que eres consciente de que una vida crece dentro de ti, dejas de ser una sola persona. Ya no piensas sólo en ti, y en lo que te gusta hacer, comer, comprar; desde ese instante piensas sólo en el bienestar de tu bebé, y haces lo que haga falta para que él esté bien.

¿Y qué me decís del parto? ¿Y qué me decís del postparto? Esos instantes donde asoman las sombras, donde duele el cuerpo, donde gotean los pechos y los ojos a la par. Instantes en los que, además de todo, sientes el peso de la culpabilidad sobre los hombros porque “deberías estar feliz”.

Ser madre es entrega, lucha, madrugadas sin dormir, duchas rápidas y ojeras en las fotos; es teta (o no), abrazos, y mil besos; es soledad, a veces, y navegar a contracorriente. Y también es amor, sobretodo amor, y la experiencia más humana y más gratificante del mundo. Es entregarte a alguien de manera incondicional, a ciegas, sabiendo que, pase lo que pase, saldrá bien.

Ser  madre me ha hecho crecer, me ha hecho ser mejor persona. Más asertiva, más consciente, más yo. Ha sacado en mí a las peores fieras, las sombras más oscuras; pero la maternidad me ha regalado esa sensación de grandeza, y la afirmación serena de que nunca estaré sola. Pase lo que pase.

Pero hoy no es el Día de la Madre para todas las madres.

Hoy hay muchas madres que esperan ser felicitadas, y no lo son. Que aguardan en su rincón aunque festejan en familia quizá. Que saben que son madres, que así se sienten ellas, que lo son. Claro que lo son.

Esas madres que han perdido a su bebé, que para el resto del mundo ya no son madres y ya no merecen flores. Que deberían olvidar, superar, seguir adelante, volver a ser madres para ser felicitadas. Que no deberían llorar, ni recordar, ni vivir en el pasado ni en lo que no pudo ser.

Que injusto ¿verdad?

Pues es así. Lo sé, porque yo he estado ahí, en ese rincón, de espaldas al mundo pero sonriendo como si no importara. He estado felicitando a madres, esperando lo mismo de vuelta, y no sucedió.

El primer Día de la Madre sin Jael (un mes tras su muerte) tan sólo una persona se “atrevió” a felicitarme. Yo no quería flores ni regalos, yo sólo quería reconocimiento, apoyo, comprensión, luz. Que no me quitaran mi papel en el mundo, porque ahora ya era ese: ser la mamá de Jael. Y el año siguiente, fue igual. Y era incapaz de comprender cómo un año después, embarazada de Gary, si que recibía felicitaciones. Según su lógica aplastante tampoco era madre entonces, ¿no?

Comprendo (hoy lo comprendo) que lo que nos impide dar ese paso es el miedo: el miedo a hacer daño, a hacer llorar a alguien que aprecias. Y comprendo que todo lo que hacen las personas de nuestro alrededor, las que nos quieren, lo hacen desde lo más hondo de su corazón.

Y que lo hacen también, me vais a perdonar, desde la más absoluta ignorancia. Tampoco es algo a lo que estemos acostumbrados. No es lo habitual, no muchas veces nos hemos de plantear si felicitar o no a una madre. Aunque duele, no deja de doler por eso. Piénsalo: no se puede perder el “título” de madre o padre una vez logrado, al igual que no se puede perder el de hijo.

Yo puedo recordar ese instante en el que fui felicitada como el único momento feliz de aquél día. El único, el más intenso, el más emocionante. Y no olvido ni el lugar, ni el instante. No me hizo daño, no me hizo enfadar. Me hizo sonreír y estar eternamente agradecida.

Por eso, porque estuve ahí, te animo hoy a felicitar a TODAS las madres que conozcas. Si, también a las madres en duelo.

Ésas que hoy tienen la mirada en otra parte. Que probablemente, llorarán a escondidas un ratito antes de verte.

Ésas que albergaron la vida en sus vientres, en sus brazos quizá; ésas que tuvieron que despedirse con todo el dolor y el amor de su corazón.

Que vieron partir al ser que más habían amado, que sostuvieron la vida y la muerte por igual.

Que también luchan con su maternidad a diario, vaya si luchan. Que también tienen ojeras por no dormir, aunque por otros motivos.

Las que están en duelo, a las que les duele el alma y el cuerpo. Las que no pueden abrazar ni besar, las de brazos vacíos y corazón roto.

Ésas que durante el resto de sus vidas harán un guiño al cielo cuando escuchen la palabra “hijo”. Las que tengan los hijos que tengan, guardarán siempre un hueco en su alma para el que murió.

Ésas que hoy, probablemente, se sientan aún un poquito más solas e incomprendidas si cabe.

Te animo, de verdad a hacerlo. No hará falta mucho: Un “Feliz día” y un abrazo serán suficientes. Estoy convencida de que te lo agradecerá por siempre.

Lo sé, porque estuve ahí.

Feliz día de la Madre. A todas. Pero muy en especial a las Mamás de Biel, Ashley, Roc y Unai.

 

 

crianza·familia

10 consejos para padres primerizos

Diez consejos para padres primerizos

Siempre hemos escuchado la típica expresión de que un niño viene con un pan debajo del brazo, pero lo cierto es que lo que no traen consigo es un “manual de instrucciones” que a más de a un padre o a una madre primeriza ya les gustaría. La paternidad es un reto del que vamos aprendiendo poco a poco. Nadie nace sabiendo cómo criar a un hijo. Es normal que en los primeros días os sintáis confusos con cada llanto y tardéis en reconocer lo que le pasa al recién nacido. Sin embargo, esto es cuestión de tiempo y muy pronto entenderéis su comportamiento. Mientras tanto, os dejamos diez consejos sobre el cuidado del bebé que os vendrán de perlas.

1.- Habladle con ternura para relajarle. Un recién nacido no es tan distinto a un adulto. Enseguida notan la tensión del ambiente o los nervios de la persona que lo coge por primera vez. Si queréis relajarle, pensad en lo que a vosotros mismos os gustaría. Es recomendable darles masajes regularmente, hablarles con mucha delicadeza, cantarles nanas al oído en voz baja, ponerles música y acariciarles. Hay que probar varias técnicas hasta que demos con la tecla para calmarlo y que deje de llorar.

2.- Responded a su llamada. Si un niño llora, está demandando atención por alguna necesidad. Atender a sus llantos no significa que lo estemos malcriando. Al contrario. Cogerá confianza al ver que acudimos a su llamada y entenderá que siempre nos tiene cerca. Es muy importante mantener este vínculo durante los primeros días para que se sienta a salvo y seguro.

3.- No os preocupéis en exceso. Si veis algo inusual en el comportamiento del recién nacido, consultad al pediatra antes de pensar en lo peor.

4.- Prestadle atención a la higiene. Antes y después de cambiarle el pañal, es importante lavarse las manos. Los recién nacidos no disponen de su sistema inmunitario desarrollado a la perfección, por lo que son muy sensibles al contagio de infecciones. Lo mismo que cuidáis vuestra higiene, aseguraos de todo el mundo que manipula al bebé también lo hace.

5.- Conserva los mejores recuerdos. Las primeras semanas del bebé son las más entrañables, pero también las más efímeras. El tiempo vuela y obtener las mejores imágenes de sus primeros gestos es tan importante como recopilarlas en un libro personalizado en el que cuentes su historia. Relatar los sentimientos desde que supisteis de su existencia hasta el momento del parto y sus primeras semanas está al alcance de vuestras manos gracias a El Relato de Tu Vida, un regalo original para padres primerizos. ¡Lo descubrimos hace poco y nos encanta!

6.- Mima a la pareja. La llegada de un niño puede fortalecer el núcleo familiar, pero también es cierto que le quita mucho tiempo a la pareja. Desde la llegada del bebé, el centro de atención va a ser siempre él. La regla básica para que vuestra relación no decaiga por este hecho es mimar a la pareja. Sacad tiempo de donde haga falta para hablar de vuestras necesidades, sentimientos y buscad actividades que podáis seguir haciendo juntos.

7.- Proyectos de familia. En sintonía con lo anterior, es bueno que fijéis un plan común. Al igual que cuando estabais saliendo decidíais juntos la película que ibais a ver o el lugar donde os ibais a casar, pensad cómo queréis enfocar su educación y qué actividades os gustaría realizar juntos, ya sea viajar, ir al parque cada fin de semana o disfrutar de la playa.

8.-Estimulación precoz. Para su buen desarrollo psicomotor es imprescindible estimularles. Hacerles pequeños ejercicios físicos en brazos y piernas de forma suave, hablarles mucho para captar su atención y jugar con ellos para que sean tan felices como nosotros al mirarlos son pequeñas acciones en las que se puede hallar la diferencia en su desarrollo. En el caso de que el niño no esté receptivo, que no quiere jugar ni ser estimulado, no hay que obligarle en ese momento. Podemos adaptarnos a sus necesidades y dejarlo para más tarde.

9.- Sigue tu propia intuición. El ser humano no deja de ser un animal con instintos, por lo que si el niño llora, detectaremos el motivo fácilmente para poder calmarlo y que recupere la paz.

10.- Y la más importante de todas: preparaos para amar a alguien como nunca antes lo habéis hecho. La paternidad es un milagro de la vida. El pequeño es fruto de vuestro amor, son parte de vosotros y os va a necesitar casi tanto como tú a él, por lo que es esencial que se sienta protegido.

(Autor: El relato de tu vida)