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Resiliencia

“La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal.”

“La resiliencia es una adaptación positiva pese a la adversidad”

“Es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”

 

Cuando hablamos de resiliencia, nos referimos a la capacidad de una persona para superar una situación especialmente difícil, y a la vez la capacidad para salir fortalecido de ella. Podemos encontrar miles de definiciones de esta bella palabra, pero la resiliencia se aprende y se entiende viviéndola.

La primera vez que escuché este término fue en la formación de Acompañamiento al duelo de Noelia de Cor a Cor. En aquél momento no entendía su significado, pero hoy sé que ya formaba parte de mí. De mí y de muchas compañeras de camino.

¿Queréis saber lo que supone la resiliencia para mí?

 

 Imagen extraída de: http://javiermegias.com/blog/2012/04/emprendedores-resiliencia-cisnes-negros-e-inconsciencia/12685/
Imagen extraída de: http://javiermegias.com/blog

 

Para mí es respirar tranquila y en paz, vivir en paz, predicar esa paz. Cuidar esa paz.

Tener presente que los días pueden ser duros, pero que en todo color negro habrá siempre una nota de luz. Siempre.

Resiliencia es aceptar la vida tal y como viene. Y esto no es igual que resignarse, sino entender que “todo pasa por algo”. Si, aunque sea un tópico; aunque cuando te lo dicen en pleno duelo te dan ganas de desaparecer. Pero es la realidad, y esto se entiende por uno mismo y con el tiempo. Se trata de intentar jugar la mejor partida con las cartas que te tocan, creyendo y confiando en que aún podrás ganar. Seguir luchando porque lo que ha pasado, sea lo que sea, es parte de tu camino, de tu vida, y con ello te toca aprender vivir. Y aprenderás, claro que aprenderás.

Salir del pozo. Y si has logrado pedir ayuda para ello, tanto mejor. Pero no sólo salir, sino que cuando ya estés fuera, te sientas fuerte y orgullosa de lo logrado. Y mires a ese pozo con cariño por haberte dado la oportunidad de crecer.

Para mí, resiliencia es mirar a la muerte de mi hijo a la cara y decirle: “Ya no te odio”.

Es deshacer los nudos del dolor, y transformarlos poco a poco en amor, como dicen las sabias. En amor del bueno, del que traspasa fronteras entre lo físico y lo intangible, entre el cielo y la tierra. Pensar que la vida que tuviste en el vientre tuvo un gran significado y una gran tarea por cumplir. Es intentar que esa vida que se fue no haya sido en vano.

Resiliencia es como la hierba que brilla al sol tras una noche helada. La escarcha y el frío se sienten aún, pero se va deshaciendo, poco a poco, dejando un paisaje de una belleza indescriptible. Y es que esa hierba jamás sería tan bella sin ese hielo, sin ese invierno.

Como la flor que nace rompiendo el cemento de una vieja carretera…

Poder coger todo aquello por lo que tanto sufriste, meterlo con cariño en tu mochila, y volver a caminar. Y por el camino, poder acompañar a todas aquellas personas que hayan pasado por lo mismo y que requieran tu compañía. Dar la mano a su dolor sabiendo cómo es de profundo, porque lo has sentido en tu carne. Y así a la vez sentirte tú acompañada, siempre cobijada, siempre guiada.

Es mirar a las estrellas sintiéndote segura de que hay alguien que te cuida y que vela por tus sueños. Apreciar las mariposas blancas, las canciones que salen en la radio por casualidad y que hablan de ti. Sonreír con las señales, disfrutar los momentos de soledad entre recuerdos. Y llorar sin tapujos, porque resiliencia no significa olvido, sino mas bien lo contrario.

Resiliencia es, ante todo y especialmente, gratitud. Gratitud aunque hayas sufrido. Sentirte afortunada por lo vivido. Y aunque suene raro, aunque creáis que estoy loca, si pienso en como me siento hoy ante la muerte de mi hijo, esa es la palabra: agradecida. Por el aprendizaje, por el camino, por las personas que me he ido encontrando mientras transitaba por el duelo y por las que me sigo encontrando. Por mis “Annas”, por Vicky, por Adriana, por Cristina, por “mis chicas”… y por todas ésas mujeres valientes con las que tanto comparto. Por haberme dado la oportunidad de conocerme a mí misma, de saber cuál era mi propósito en la vida, por ayudarme a encontrarme. Agradecida porque me envió a su maravilloso hermano cuando más lo necesitábamos. Agradecida porque me siento una “elegida”, porque sé que el amor que yo siento no todas las madres serían capaces de entenderlo.

Resiliencia es pensar que sí puede haber algo peor que la muerte de un hijo. Sí, podría haber sido peor, mucho peor: podría no haber existido nunca, podria haberme perdido esos lindos ojitos y esos diecisiete días. Eso hubiera sido mucho peor…

Y es recibir tu vida con una fiesta de bienvenida día tras día, abrazarla tal y como venga. Representar nuestro papel de la mejor manera posible, y que cuando hagas balance puedas decir: “¡Lo logré!” “¡Soy una valiente!”. Pero sobretodo que puedas decir que mereció la pena.

Saborear esos ratitos buenos y, frente a los no tan buenos, tomar una actitud positiva y pensar que pronto pasará, porque todo pasa…si tú quieres. Que en peores guerras hemos luchado…

Y para ti ¿Qué es la resiliencia?

Un abrazo “resilientes”, a seguir viviendo…

Gracias

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Por qué quiero ser finalista en los premios Madresfera

Ya sabéis que hace poco más de un año empezaban mis aventuras con la escritura. Desde el día en que decidí hacer público el primer post, se convirtió en más que un hobby: se convirtió en un “minitrabajo”, algo a lo que debía dedicarle todo el tiempo y el amor que me fueran posibles. Y me puse a ello, unos meses más dedicada y otros menos. Ya sabéis, todo es cuestión de prioridades.

En la formación de doulas Mare Meva conocí a Carlos Escudero (Un Papá como Darth Vader). Yo aún no había empezado pero la idea del blog me rondaba la mente desde hacía muchísimo tiempo. Y lo escuchaba hablar sobre los premios Madresfera, sobre que estaba nominado a ellos y que iba a asistir a la gala de entrega de premios. Me dije y le dije: “Jo, que chulo”. Así, súper elocuente. Y pensé que tenía que ser algo muy potente que te valoraran el esfuerzo, el talento (porque la verdad es que él lo tiene) y que hagan un evento tan mágico para que los blogueros puedan encontrarse y compartir experiencias. Y si llegas a ganar ya….

Hoy estoy aquí, un año después, nominada a esos mismos premios. Emocionante e inquietante darte cuenta de cómo un simple encuentro puede motivar tanto. Cómo en un año puedes estar en situaciones y lugares que te hayas atrevido a soñar.

Mucha gente a la que le he pedido el voto (lo siento, he de hacer campaña) me pregunta que “para qué”, que “qué gano si gano”. Qué decirles, además de que no todos los premios importantes son tangibles y metálicos…

 

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Soy realista y ganar es muy difícil. Tengo cientos de compañeros que llevan más tiempo que yo, que se lo han currado mucho y que ya cuentan con muchos más seguidores. Soy consciente, pero no por ello voy a dejar de intentarlo. Y quiero ser finalista. ¿Por qué?

  • Porque creo que lo merezco. Porque el blog es una parte muy importante de mi vida, le dedico tiempo, esfuerzo y cariño. Me paso la jornada laboral pensando en sobre qué podría escribir esta vez, qué podría ser más interesante para vosotros y qué os gustaría encontrar en un blog de maternidad y duelo gestacional. Y después, horas de escribir, crear o buscar imágenes, compartir, contestar comentarios. No es “un ratito” tener y mantener un blog, hay mucho trabajo detrás de cada post. Y como todos los políticos, prometo trabajar mucho más en el mío de ahora en adelante 😉
  • Porque quiero seguir escribiendo, y nada mejor que un poco de aliento para recibir el empujón que a veces hace falta. Sobretodo cuando el peso del día a día te dice “hasta aquí”, y te preguntas para qué estás compartiendo media vida en la mayor ventana del mundo. Todos necesitamos de vez en cuando que nos hagan saber que merece la pena. Aunque realmente, no me puedo quejar, porque casi a diario recibo mensajes de ánimo que me empujan a seguir adelante.
  • Por la temática de mi blog. No hay muchos blogs que hablen sobre duelo gestacional y neonatal. De hecho, en Madresfera aún no tienen esa categoría (y digo aún porque intentaré que la tengamos). Sé de buena tinta que es muy reconfortante encontrar escritos, testimonios, artículos, etc., sobre la pérdida de un hijo, y eso es lo que pretendo en parte con el blog. Dar a conocer esta maternidad que queda lejos de ser de cuento, dar visibilidad a los padres de brazos vacíos y a los hijos de las estrellas. Es una gran oportunidad para llevar más lejos muchos nombres que quedaron encerrados en muchas gargantas, y la verdad es que el principal motivo por el que deberíais votar este blog sería ese: porque la temática es diferente e importante y el sentimiento puesto en él también.
  • Porque soy autodidacta. No tengo estudios relacionados con esto. Nadie me ha enseñado a escribir, ni a crear un blog, ni un logo. Que no seran perfectos, pero son absolutamente míos (bueno, tengo consejo de marujas expertas vía WhatsApp). Aprendiendo, buscando información y dedicándole horas. Podría mejorar, por supuesto, y eso me lo dará el tiempo. ¡Pensar que sólo llevo un año! Y por eso, porque sólo llevo un año como mamá bloguera, y tengo un blog chiquitín pero especial, quiero ser finalista.
  • Porque me hace una ilusión tremenda. Y creo que este punto no necesita explicación, ¿no?
  • Y porque quiero seguir creciendo y seguir aprendiendo. Al final, el objetivo siempre fue ese. Crecer en todos los sentidos, no sólo en likes y seguidores, sino a nivel personal. Crecer con vosotros, aprender de y con vosotros.

Pero sobretodo, sobretodo, me gustaría llegar a ser finalista por vosotros, por los que me leéis cada semana y mandáis vuestros mensajes de apoyo, porque sin vosotros ni siquiera estaría nominada.

Así que si este post os ha convencido y creéis que merezco estar entre los más votados, sólo tienes que ayudarme una vez más y votar. ¿Cómo?

En la parte superior derecha verás un Widget como este:

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Debes hacer click en el, entrar en la categoría “Personal” y ahí buscar “El pijama de Gary”. Una vez hayas votado te pedirá que confirmes el e-mail. ¡Este paso es muy importante! Sin la confirmación no se contabilizará tu voto.

Una vez hayas terminado el proceso, en tu pantalla aparecerá un mensaje de confirmación. Y ya está, habrás votado. Recuerda que puedes votar hasta cinco blogs por categoría y que sólo puedes dar un voto a cada blog. Gracias por ayudarme a hacerlo posible.

Y si ya has votado y quieres ayudarme más, ¡vamos a difundir! ¿Cómo?

Puedes ayudarme compartiendo este post con todas las personas que creas que pueden estar interesadas.

También puedes seguirme en la página de Facebook (https://www.facebook.com/elpijamadegary/) y dar like y compartir las publicaciones que vaya subiendo, para que pueda llegar al máximo de gente posible y ellos también puedan votar.

Millones de gracias por haberme nominado, y millones de gracias a todos los que estáis votando, porque aunque no llegue a ser finalista, el premio ya está siendo muy grande.

Un abrazo enorme.

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Propósitos para el 2017

Nunca antes había hecho esto. ¿Porqué? Por pereza, básicamente. O por evitar el conflicto interno de hacerte un propósito y no cumplirlo. Por no decepcionarme a mi misma, supongo. Pero este año es diferente, y creo que necesito propósitos nuevos, aferrarme a ellos y, sobretodo, cumplirlos.

El 2017 viene cargado de sueños por cumplir, de proyectos, de oportunidades, de caminos y de nuevas etapas, tanto para mí como para mi familia. Así que si, necesito una guía y un plan de acción, empezando por mí misma.

Por lo tanto, aquí va mi lista de propósitos para el año que empieza:

 

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  1. Dedicarme más tiempo a mí misma. Tiempo para leer, para estar sola si lo necesito, para maquillarme si me apetece o pintarme las dichosas uñas. Tiempo para mí, treinta minutos a la semana aunque sea. Pero que sean unos minutos exclusivamente míos, no de la casa, ni de Gary, ni de Raúl, ni del blog…míos.
  2. Cuidarme más. Un poquito más por lo menos. Lo que implica, por ejemplo, ir a dormir antes (mucho antes). O visitar ese gimnasio que se cobra una cuota mensual pero que apenas piso. Me propongo concretamente acudir, por lo menos, una vez por semana. Sé que es poco, pero quiero cumplir estos propósitos, así que voy a ser muy realista.
  3. Comer mejor. Que me gusta mucho el chocolate después de cenar, la comida basura (aunque ya no abuso de ella) y la Coca-Cola, aunque sea Zero. Y me gusta muy poco la verdura, apenas como fruta y bebo poquísima agua. Soy todo un desastre en nutrición, soy consciente, y ese es el primer paso: saberlo y cambiarlo. Me parece importante además porque tengo que dar ejemplo. Así que este año me propongo evitar las chuches y las cochinadas y probar recetas más sanas. Me propongo beber más agua y disminuir los cafés que tanto necesito y que tanto me han acompañado estos últimos años. ¡Ojo! Que pienso disminuir el consumo, pero como se dice, a nadie le amarga un dulce 😉
  4. Pasar más tiempo con mi familia. Que no es que ahora no lo pase, pero el poco tiempo que tenemos juntos es mientras hacemos la cena, o mientras recogemos la casa. Los tres juntos, pero cada uno a su rollo. Uno de los propósitos más importantes de este año ha de ser ese: hacer una actividad en familia a la semana (como mínimo). Creo que no hacen falta grandes “eventos”. Una tarde en el parque o un paseo en la naturaleza ya es compartir tiempo de calidad. Y muy ligado a éste, otro propósito:
  5. Dedicarle más tiempo a mis hijos. Como no podía ser de otra forma, a los dos. A cada uno la parte que le toca. Gary se lleva la gran parte de la atención y esto ha de ser así. Él es el que está y el que me necesita, y me necesita presente y consciente. Pero hay ratitos que son de Jael y también han de ser suyos: un pensamiento, una sonrisa, un recuerdo…o todo un post. Una vez alguien me dijo que estaba “confundida” con los tiempos. Algo así como que quería estar aquí, pero estaba “allí”, y con el “allí” se refería a Jael. Pues si, es cierto que hay etapas, meses del año, en los que mi mente, mi energía y casi todos mis pensamientos iban dedicados a él, y eso me hacía estar menos conectada con el presente. Por eso creo que es importante proponerme un ratito al día exclusivo para pensar en él y dedicarle mi atención, para después volver a dedicarla a quién más la necesita.
  6. Organizarme más y mejor. Un trabajo de pagar facturas, un niño de dos años, una casa, un proyecto en mente y casi casi en marcha, cuatro cursos, un blog… O me organizo o no haré nada a derechas. Una agenda, un tiempo para cada tarea, concentración y pedir ayuda. Esos son mis propósitos para conseguir llevarlo todo para adelante sin que todo acabe en desastre. Y muy pero que  muy importante: evitar embarcarme en nada más, porque siendo realista, no puedo con nada más. Así que, por favor, ¡no me mandéis más información de cursos hasta el 2018 por lo menos!
  7. Cero procrastinar. Como por ejemplo, cuando hablas en mil grupos de crianza de Facebook; cuando te suena el despertador y tardas una hora más en levantarte (o duermes o levanta, pero ¡haz algo!); cuando le das un repaso y otro a las redes sociales, de arriba a abajo. Todas esas pequeñas cosas que te quitan una enorme cantidad de tiempo y que, al final, ni te dejan descansar ni te dejan trabajar. Me propongo seriamente aprovechar el tiempo que tengo, y si tengo que descansar que sea así. Uno de los pasos a seguir es levantarme (levantarme, no despertarme) media hora antes cada día, y seguro que le saco provecho.
  8. Casarme. Siiiiiiiii casarme!!! Raúl me pidió matrimonio el día que nació Gary y hasta hoy… Como estamos a dos velas, hemos ido posponiendo el asunto. Pero este año hacemos diez años juntos, y nos parece súper especial que la boda sea este 2017. Y estamos entre dos aguas, porque seguimos a dos velas: o casarnos a un nivel súper íntimo (padres y hermanas) o hacerlo muy “a lo tirado” y así poder invitar a más gente. Como dato, por si me queréis dar ideas, me quiero casar por el juzgado, pero me gustaría hacerlo con mi súper vestido de novia. Así que, propósito del año 2017: ¡bodorrio!
  9. Cuidar mi parte emocional. Pensar más en mí, conocerme más, quererme más. Permitirme cometer errores, abrazarlos y aprender de ellos. Permitirme también las caídas, los tropezones, las desilusiones. Perdonarme. Dejarme llevar, que el viento y el destino ya saben a dónde. Aceptarme tal y como soy pero, eso si, intentar ser un poquito mejor cada día. Ser más asertiva. Eliminar de mi mente la terrible idea de la perfección, porque no soy perfecta ni lo seré jamás. Ni quiero serlo, claro que no. Querer más también a los demás, demostrar más y, simplemente, “estar” más. Trabajar más en la paciencia y en la empatía, y hacer alguna que otra llamada a las personas a las que echo de menos.
  10. Seguir soñando. Eso siempre. Que no se quede aquí, que el año que viene tenga miles de propósitos nuevos. Y nuevos proyectos, nuevos pasos a seguir y nuevos caminos que se cruzan. Pienso y creo que los sueños son los verdaderos motores. Metas que alcanzar, pruebas a superar. ¿Qué haríamos sin eso? ¿Hacia dónde caminaríamos? Siento que, por mucho que me agobie el trabajo a realizar o por muy atareada que esté con las formaciones, lo hago porque quiero, porque me gusta y porque deseo llegar a un puerto en concreto. Sin mis sueños, simplemente, me dejaría arrastrar por la corriente. Así que quiero cumplir mis sueños, pero quiero muchos más diferentes, nuevos y lo más locos posibles, para que no me permitan quedarme inerte.

 

Como podéis ver, tengo mucho trabajo por delante este año, pero nada que no se pueda conseguir esforzándome un poco y poniendo consciencia a lo que hago día a día. Desde luego que si consigo cumplirlos todos, este será un gran año para nosotros, así que ¡voy a por ello!

Y como siempre, si queréis, os lo iré contando todo. Gracias.

Esta es mi “pequeña gran lista”. Y tú, ¿Qué propósitos tienes para el 2017? Puedes contármelo en los comentarios, quizá me copie de alguno 😉

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Gracias 2016

gracias

 

Este año, por primera vez, me pararé unos minutos a hacer balance sobre el año que se va. Quizá no pueda decir que el 2016  ha sido el mejor año de mi vida. No, seguramente no. Lo que si es cierto es que ha sido un año de cambios, pero de cambios positivos. De noches sin dormir por pensar en cosas chulas, de crecimiento, de personas nuevas, de personas no tan nuevas. Ha sido un gran año, definitivamente. Así que hoy, a un día de decirle adiós y para siempre, quiero agradecer a este año todo lo que nos ha traído.

 

Gracias sobretodo por mantener a mi familia tal y como está, tanto la que nosotros hemos creado como la que nos ha creado a nosotros. No le pido más al año que viene que no sea quedarnos como estamos. Gracias por sostenerme, por apoyarme, por aguantar mis manías y mi mal humor a menudo, por…por todo, a vosotros también gracias.

Gracias por la salud de mi madre, que sigue férrea y atenta.

Gracias por el aprendizaje de Gary, que a la vez es el mío. Por permitirme verle crecer y convertirse en el sol que más brilla, por dejarme verlo reír a carcajadas, por darme la paciencia cuando la necesito. Gracias por los momentos de payasadas sin fin, por los de mimos calentitos y por los de sueños abrazados. Gracias porque, un año más, estamos juntos.

Gracias por Jael. Si, por Jael. Por mi reencuentro con él, con sus fotos. Por mi reencuentro también con el dolor que me dejó, pero esta vez para trabajarlo y convertirlo en amor del bueno. Gracias por permitirme ver las señales que me deja, que sé que son suyas. Por hacerme encontrar la fuerza para escribir sobre él, para sacar a la luz todas esas emociones y compartirlas…y que se sepa, que se enteren de que perder un hijo duele por siempre. Gracias 2016 y gracias Chiquito.

Gracias por el aprendizaje. Este año se puede resumir en eso: “aprendizaje”. Tanto a nivel personal como profesional, mi vida ha dado un giro brutal. Gracias por poner en mi camino esas formaciones que tanto me aportaron y me siguen aportando, en especial la primera, mi formación de Doula, que me acompañará el resto de mi vida profesional. Y gracias también por las que están por llegar, porque la agenda del 2017 ya está bastante llena de jornadas, cursos y conferencias a las que asistir y que tengo claro que también marcarán un antes y un después.

Gracias por esas nuevas compañeras (y compañero) que persiguen el mismo mundo que yo y que también conseguirán cambiar este que tenemos. Cada una su parte, cada una con su granito de arena, a construir un mundo mejor para el futuro. Gracias porque sé que no podría encontrar mejores compañeras de viaje (en especial, gracias por tres, que ya sabéis quienes sois).

Gracias por las viejas amigas, que aunque siempre han estado ahí, este año han vuelto a mi vida de manera diaria y constante, convirtiendo nuestros “buenos días” en una rutina más de la mañana. Gracias, porque os necesitaba y porque me dais la seguridad de tener siempre diez manos para empujarme cuando no pueda seguir. Para el 2017 sólo pido que nuestras charlas sean menos virtuales y más de piel, de abrazos, de cañas y de risas sin emoticonos 😉

Gracias 2016 por las ideas, por los proyectos en mente, por las oportunidades. Gracias por iluminar mi bombilla de la inspiración, gracias por traer a las musas de vez en cuando. Gracias por las personas que leen esto y que me envían mensajes de cariño y apoyo para seguir. GRACIAS.

Gracias también por el trabajo de pagar facturas, que aunque no es mi vocación, me permite acercarme un poco al sueño ese de la conciliación del que hablan algunos. Sólo un poco, que ya es mucho.

Y gracias por los momentos buenos y por los no tan buenos, que de esos se aprende de verdad. Por las risas, por los sueños, por los abrazos, por las carreras y las prisas. Por las ganas y las desganas, por los nervios, por los escalofríos, por la ilusión y por la confianza. Gracias por las casualidades no tan casuales. Por los arcoíris.

Gracias por el camino andado y por el que has dejado preparado para andar.

Gracias por el viaje.

Gracias por el vuelo.

Y bienvenido sea lo que traiga el próximo año…

 

Y tú, ¿Por qué puedes dar las gracias?

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Afrontar la Navidad en duelo

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Navidad…

Ya está, llegó. Mañana será la primera noche de estas fiestas en las que la familia se reúne. En ocasiones las celebraciones son más íntimas; en otras, el número de familiares es tan grande que obliga a llevar sillas de casa en casa. Y en otras, sobran sillas y falta alguien.

Como ya sabéis, en mi mesa siempre habrá una silla vacía. En la mía y en la de muchos papás que han perdido uno o varios hijos. Y estas fiestas son una especie de “retroceso”, unos días en los que el cuerpo vuelve a doler, a notar el cansancio. Unas fechas en las que todo te recuerda a ese bebé que ya no está: las compras, las reuniones, las luces, los Reyes Magos. Todo lo que te gustaría estar viviendo con tu hijo está sucediendo sin él.

Quizá hayan pasado algunos años desde su pérdida y puedes sobrellevar estos días; quizá hayas vuelto a tener un hijo, otro hijo, y haces el esfuerzo de mantener la ilusión y aparentar alegría. Pero el caso es que, la ausencia de un hijo en estas fechas puede hacerse, si cabe, un poco más presente, y aflorar sentimientos que parecían estar “superados”.

Mi propuesta de hoy es dejaros aquí algunos consejos para afrontar estas navidades con un poco más de serenidad y consciencia, entendiendo que la ausencia es muy grande, pero que no podemos taparnos la cabeza con la manta y esperar a que pase el chaparrón. Corrijo: si podemos, claro que podemos. Pero algún día habrá que afrontar la Navidad sin él o ella. Nos lo debemos a nosotros mismos.

 

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  1. RESPETAR LAS EMOCIONES. Las tuyas en primer lugar. Es posible que estés a ratos enfadada, a ratos triste y, sin embargo, estar serena en otras ocasiones. Todo está bien, todo. Dales un lugar a cada una de estas emociones, permítete sentir lo que sientes y olvida los “tendría que…” Cada sentimiento, cada emoción tiene su papel, simplemente escúchate y déjalos fluir. Por otra parte, lo ideal sería también intentar respetar las emociones del resto de la familia. Los más cercanos a ti, también han perdido a un ser querido: un nieto, un sobrino. Si es cierto que en la mayoría de ocasiones estos familiares van a intentar seguir con las celebraciones como si nada, pero aunque la forma sea torpe, lo hacen en parte por ti. Es normal que quieran que asistas a todas las cenas y reuniones, te quieren. Y si ha pasado el tiempo, puede ser que no comprendan de tu enfado o de tu dolor ahora  mismo, y también pueden sentir enfado por ello. Bien, quizá la clave esté en expresar lo que sentimos y pedir y ofrecer respeto y comprensión. Explicarles que por más años que pasen, la silla vacía sigue doliendo estos días. 😉
  2. PLANIFICACIÓN. Si son las primeras Navidades sin tu bebé, planificar las comidas, los encuentros y las compras puede ser una auténtica odisea. Una buena idea es hacer una “meriendilla” (como se dice en mi familia) unas semanas antes con tus familiares para organizar las reuniones, y pedirles ayuda si la necesitas. Es normal que no tengas ganas de organizar nada, pero este año puede hacerse en otra casa, o pueden ayudarte con la cocina y los preparativos. Todo dependerá de lo que tú quieras hacer. Una vez más, tendrás que escucharte y respetarte y actuar en función de ello. No temas pedir ayuda, seguro que la mayoría de tus familiares te brindarán toda la que necesites.
  3. REBAJAR EL NIVEL DE ESTRÉS EN LOS DÍAS PREVIOS. No se el resto de los mortales, pero desde el día 1 de diciembre hasta el 7 de enero yo estoy en un estado de agobio constante. Eso, además de no ser saludable, implica que lleguemos al día 24 con mayor nivel de ansiedad, de cansancio y de estrés, y por lo tanto, se intensifiquen todas las emociones. Podemos buscar un ratito las semanas previas a las fiestas para regalarnos momentos de calma y de autocuidados. Por ejemplo: conexión con la naturaleza (paseos por el bosque, la playa), meditación o yoga, un masaje, un baño relajante, momentos a solas, etc. Seguro que encuentras la manera de aliviar un poco el estrés para poder enfrentarte a estos días con un poco más de paz interior y serenidad.
  4. RITUALES. Aunque en nuestra sociedad no estamos muy acostumbrados a este tipo de manifestaciones, realizar un ritual por un ser querido que no está hace que lo sientas más cerca y que, de alguna manera, lo puedas integrar en esa reunión familiar. Ya sabemos que cuando es un bebé el que ha fallecido, estas muestras se hacen casi de manera clandestina, porque la familia niega el dolor y muchas veces no quieren ni oír hablar del tema. Bien, pues déjame decirte que tienes derecho a recordarle también en Navidad y tienes derecho a hacer un ritual en su memoria. Y a quien no le guste… ¿Qué tipo de ritual? Pues el que tú quieras, el que tú sientas. Puedes encender una vela en la mesa, escribirle y leer una carta, poner una figura representativa en el árbol, dedicarle un brindis… Todo lo que se te ocurra estará bien, será tu ritual y todo vale. Hace un tiempo leí de una mamá que ella cada año compra un juguete adecuado a la edad que tendría su hijo. Piensa en algo que le gustaría a un niño de esa edad, va a comprarlo y lo lleva a alguna asociación para niños necesitados. Por ejemplo, el otro día en Abacus habían varios voluntarios de la Cruz Roja haciendo recogida de juguetes. A mi me parece un acto precioso y, además de ayudar a quienes lo necesitan, puede servir para hacer algo en honor a tu bebé.
  5. TÓMATE UN RESPIRO. Si durante la comida te sientes agobiada, no dudes en salir un poco a tomar el aire (si tienes perro es la excusa perfecta). Aléjate unos minutos del bullicio y llora si lo necesitas, descansa un poco en otra habitación o simplemente vete a la calle a dar un paseo. Puedes pedirle a algún familiar que te acompañe y así compartir un poco tu dolor, además te servirá para que comprendan un poco más. Sal, toma aire y recarga fuerzas.
  6. CUIDA TU ALIMENTACIÓN. Ya, es Navidad y es muy complicado comer sano. Pero el resto de los días sería buena opción cuidar un poco más el aporte de vitaminas, reducir la comida basura y la bollería industrial y aprovechar para recargar energía a través de los alimentos. Cuando estamos en duelo podemos descuidar estos aspectos, y es vital para poder avanzar y recuperarse de la caída. Después de las copiosas cenas día tras día, tu cuerpo te lo agradecerá, y tu mente también.
  7. OJO CON EL ALCOHOL. Tomar un par de copas de vino por placer está bien, pero cuidado con tomarlo como forma de evadirse. El alcohol y las drogas no van a hacer que te sientas mejor, sólo enmascararán tus emociones y puede convertirse en una adicción. El duelo hay que pasarlo, ya lo sabemos, y mejor no ponernos más piedras en el camino.
  8. UN VIAJE, ¿SI O NO? He leído acerca de esto, y la mayoría de los artículos relacionados no recomiendan irse de viaje en Navidad cuando estas en duelo. ¿Porqué? Por lo que hablábamos antes de taparse la cabeza con una manta. Es cierto que marchándote sólo pospones lo que algún año llegará, y que cuanto antes, mejor. O no. De hecho, una de las recomendaciones cuando una familia pierde un bebé es que si puede, marche unos días lejos de las frases hechas y los “tienes que”. En mi opinión personal, creo que es una buena idea si te apetece. Tengo una amiga, una muy buena amiga de toda la vida, cuyo primer hijo falleció a principios de diciembre hace un par de años. Me contaba que esa Navidad lo último que le apetecía era escuchar “eres muy joven”, “ya tendrás más”, etc. Ella sabía que era lo que se iba a encontrar, así que cogieron sus ahorros y se marcharon a Disneyland París en Navidad, a cumplir su sueño. Y hoy lo recuerda como un viaje precioso y cargado de un gran significado emocional hacia su bebé. Así que si, a mi me parece una buena herramienta siempre que te lo puedas permitir. La familia seguramente no esté de acuerdo porque quieren estar contigo en estas fechas, pero seguro que lo entenderán.
  9. CONSTRUIR OTRA NAVIDAD. Nuevas ideas, nuevas celebraciones. Las tradiciones no tienen porque ser siempre iguales. De hecho NADA volverá a ser igual, tú tampoco serás la misma persona nunca más. Así que, ¿porqué no inventarse otra Navidad? En vez de cenar en casa, quizá te sientas más a gusto celebrándolo en un restaurante sin preocuparte de nada; quizá la comida de san Esteban no sea tan importante y puedes saltártela, o celebrarla con amigos (esa es nuestra opción); o para Año Nuevo planificar una pequeña excursión. Es cuestión de darle vueltas y pensar en algo que realmente te apetezca hacer para que estas fiestas sean más llevaderas.
  10. NO HAGAS NADA QUE NO QUIERAS HACER. Sobretodo y como con todo en la vida. Respétate. Si no te apetece hacer nada, no hagas nada. Ir a sitios que no quieres ir y estar con gente con la que no te apetece estar es un sobreesfuerzo brutal y realmente opino que no es necesario.  Sé que muchos se echarán las manos a la cabeza pero lo repito: no es necesario. Sobretodo en las primeras navidades, es agotador estar de un lado para otro aparentando alegría e ilusión, y lo sé bien. No fuerces la máquina, no hagas nada que no sientas. Los que te quieren, han de entenderlo y si no, lo entenderán con el tiempo. Lo más importante eres tú, el resto son sólo unos días más en el calendario.

El primer año sin nuestro bebé nos enfrentamos a un sinfín de primeras veces: las primeras navidades, nuestro primer cumpleaños sin él/ella, su primer cumple… Todos estos “hitos” duelen a rabiar, pero hay que pasar por ellos y seguir hacia adelante, que es el único camino posible. Nuestros hijos son parte de nosotros, y siempre estan y estaran presentes en todo lo que hagamos, de una manera o de otra. Y también en Navidad.

Para mí por ejemplo se ha vuelto muy importante el hecho de ver pasar la cabalgata de Reyes. Ahora que tengo a Gary conmigo, es algo que no podría perderme por nada en el mundo. Y no sólo por Gary, sino porque sé que su hermano no se perdería ni una si estuviera aquí. Y porque los ojos de mi chiquituelo ya brillan de ilusión por los dos.

 

Estas son mis propuestas pero estoy segura de que encontrarás otras muchas formas de afrontar estos días en familia. Puedes compartir tus ideas conmigo en los comentarios 😉

Deseo de todo corazón que encuentres la manera de vivir estas fechas en paz y con la mayor serenidad posible. Un abrazo al alma y…

…Feliz Navidad