colecho·sueño
Buenos días en pijama!

Os presento a Gary con su pijama y medio culete al aire, y es que es un pequeñuelo tan movido que no se deja ni abrochar los botones en condiciones.
De buena mañana se trinca su súper bibi con cereales y se dispone a poner nuestro mundo y nuestra casa patas arriba. 

Con Gary tenemos un serio problema con el sueño. Y digo serio porque yo soy muy muy dormilona y llevo 16 laaaaargos meses sin dormir una noche del tirón. Y sé perfectamente que esto es algo normal, que muchos niños hasta los tres años no tienen un ritmo de sueño como el nuestro, bla, bla, bla…yo lo que quiero es dormir! Y para ello me he inventado las mil y una, os lo aseguro. 

Me he leído el maravilloso libro de Mª Rosa Jové, ‘Dormir sin lágrimas’. En realidad lo he ojeado, no voy a mentir, así que tampoco quiero opinar sobre algo que no he conseguido terminar de leer. 
El método Estivil tampoco va conmigo, aunque no os voy a negar que lo he intentado, pero a los tres minutos de escuchar a mi peque berrear se me ha partido el alma en dos. Eso no es para mí y creo que para ningún padre, aunque es un método que, por lo visto, para dormir a pierna suelta funciona. Eso si, desde mi punto de vista, creo que lo que realmente le estás enseñando a tu bebé es que, se ponga como se ponga, tú no vas a acudir.

Hemos practicado colecho hasta aproximadamente los 7 meses, en la cama con nosotros y después intentamos fabricarnos una cuna de colecho a lo cutre, es decir, quitando una barrera a una cuna que teníamos y pegándola a nuestra cama. Era un reposabrazos fabuloso. Gary tomó pecho hasta los cinco meses así que estábamos toda la noche enganchados el uno al otro, pero al menos descansábamos. Cuando dejamos la teta, se despertaba más o menos cada media hora para que yo lo cogiera en brazos y lo volviera a dormir, y se nos hizo insoportable. Mi marido la mayoría de las noches acababa durmiendo en otra habitación. Dormir al bebé y ponerlo en su cuna era algo impensable porque, como todos sabemos, las cunas de ahora se hacen con unas chinchetas que hacen que sólo con rozar el colchón los nenes se pongan a gritar desesperados, aunque parezca que están en coma profundo. 

Así que un día decidimos que dormiríamos a Gary en su cuna dándole mimitos y…funcionó! Toda la noche durmiendo!!! ¿Que cuánto ha durado? Pues unos tres meses, aún no sé porqué. Después pasó a despertarse cada tres horas para coger mi manita y volver a dormirse cogido a mi.
Ahora nos hemos mudado y lo hemos pasado a su cuarto, algo que todavía lo hace más difícil porque nos tenemos que levantar a darle la manita y quedarnos con él un rato hasta que vuelve a dormirse. Nuestra cama por la noche es una batalla a codazos y rodillazos para ver a quién le toca. Pero como muy tarde a las 5 Gary está con nosotros en la cama porque no podemos más. 

Y vosotros diréis: ‘¿No es más fácil si lo metéis en la cama y punto?. Seguramente sí. Pero al señorito le molestamos o su papá o yo (casi siempre su papá) y necesita más de media cama para dormir, lo que conlleva que mi marido se tenga que ir de su cama, y no me parece justo. Así que seguiremos intentando dormir lo que podamos y como podamos, hasta que a mi pequeño dictador le parezca que es hora de dormir del tirón y dejar a sus papis descansar! 

Aunque os voy a contar un secretillo: para mí el mejor momento del día es a las 5 de la mañana, cuando acurruco a mi niño a mi lado y puedo notar su olor, su respiración y lo calentito que está.

A soñar con los angelitos!

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