embarazo arcoiris

Arco iris en camino

Positivo. ¿Lo es realmente? Si, eso parece. E inmediatamente se remueven en mí ideas fascinantes y aterradoras a la vez. 
Embarazada de nuevo. Ocho meses, ocho larguísimos meses de búsqueda, de tests de embarazo con una sola raya. De comentarios sobre cuándo íbamos a tener un hijo (OTRO hijo), de mentir y decir que ahora no era el momento. Y ahí estaban, las dos deseadas rayas rosas. 
¿Qué hacemos ahora? Olvidemos la moto, vamos en coche. Se lo contamos a los mas cercanos y pedimos, por favor, que no se lo cuenten a nadie. Nuestro secretismo no es por capricho, es que no podríamos soportar de nuevo el “sois muy jóvenes, ya tendréis otro”. Porque si, puede volver a pasar.
Vamos a pedir visita al gine, necesito la heparina ya. Me derivan a alto riesgo en seguida. Semana 7, primera eco. Que esté vivo, que haya latido, que esté vivo… Y lo está. Mis dos gramitos de vida, mi nuevo aliento, ahí está.
Van pasando los días y con ellos van creciendo los miedos. Voy al baño y cada vez me repito el mismo mantra: que no haya sangre, que no haya sangre. No la hay. Me duele un poco, ¿será normal? Voy a buscar en Internet. Y hago todo lo que esté en mi mano. No fumo, no bebo, no como jamón, no cojo peso, no ando mucho…pero no duermo, porque no puedo. Rezo aunque no creo en Dios, le rezo al Universo, a Jael, a mi abuela…por favor que este bebé se quede conmigo.
Semana 12, toca eco y resultados de análisis. Que todo esté bien, que esté vivo. Y lo está. Me derivan a ARO de la Vall d’Hebron. Esta vez lo hemos hecho a tiempo. 
Hemos superado el primer trimestre, el más difícil, en el que más bebés “se pierden por el camino”, pero los miedos siguen ahí. Porque entre ecografía y ecografía, no sé si mi bebé está bien. ¿Y si ha muerto al salir de la consulta? Aún no noto nada. 
Semana 20, sigo sin notarlo. Quizá sean esas burbujitas, pero no lo sé. Estoy tan atascada que ni me fijo, la verdad. Se me nota cada vez más la tripa y no me parece motivo de alegría. Tripa que, por otra parte, está tan llena de moratones que no sé dónde pincharme ya. Y aún me quedan 26 semanas más de heparina. 
Esta eco es crucial, y llevo dos semanas al límite de estrés pensando en las mil enfermedades que mi bebé podría tener. Quizá no haya latido. Pero si que lo hay. Todo está perfecto. ¡Es otro niño!
Semana 26. Este es mi límite. Si pasamos de esta semana, empezaré a disfrutar de mi nuevo embarazo. Porque en esta semana nació Jael y por eso murió. Pero superamos la semana y sigo sin disfrutar. No soy una embarazada feliz. No tengo una fe ciega en que en unos meses tendré un bebé en brazos. Porque he aprendido que los bebés también mueren, y no sólo por nacer prematuros. Martina murió a los dos días de nacer. Javier murió en la semana 32, en el vientre de su mamá. Eso también me puede suceder a mí, lo tengo claro.
Que no haya sangre, que no haya… Ya hace semanas que lo noto. Tengo la gran suerte de ver a mi niño a través de la pantalla casi cada dos semanas. Aunque a veces es agobiante, merece la pena solo por la tranquilidad que me dejan los médicos durante un par de días. Yo deseaba parto natural, pero ha de ser cesárea programada. Que me abran en canal si quieren, pero que nazca vivo.
Absolutamente nadie conoce mis temores realmente, y cuando intento explicárselos a alguien no encuentro mucha comprensión de vuelta.
Nadie se imagina que me siento culpable por estar embarazada. Que me siento desleal a Jael y que me mata el sentimiento de que si Jael se hubiera quedado, Gary no estaría aquí.
     
Semana 30. Hace media hora que no se mueve. No se mueve. Le doy golpecitos y como chocolate. ¿Voy a urgencias? Espera, ya se ha movido. 
Así paso los días. Lloro mucho a escondidas, me acuerdo mucho de Jael y le hablo, le recuerdo que por muchos bebés que vengan él siempre será el primero. Y le hablo a Gary también, y le aclaro que él es único y especial y que no viene a sustituir a nadie. 
Mi barriga es enorme y ya no hay lugar a dudas. La gente me mira con los ojos encendidos de alegría, y me dicen cosas como “¿Ves como esta vez si?”. Una tipa hasta me ha dicho “A ver si a éste lo vemos correr por aquí pronto”. Gilipollas.
Parece que me voy haciendo a esto, que empiezo a disfrutarlo y a llevarlo con más alegría. preparo su ropita, su cuarto, sus cosas. Todo lo que no me atreví a hacer con Jael. Mi bolsa del hospital lleva lista desde hace mucho, por si pasaba algo. Por si este bebé también se moría. Tengo menos miedos, la sombra de la prematuridad extrema ya se ha marchado. Menos batallas posibles. Pero sueño mucho con la sangre. Sueño mucho que voy al baño y estoy sangrando a mares, y me digo a mí misma que ya no estoy embarazada, otra vez. Y me levanto de un salto a comprobar mis sábanas.
Semana 38. Me han programado la cesárea para la semana que viene. Estoy contenta a la vez que impaciente. Todo está listo, sólo falta él. Pero quiero ponerme de parto antes. Quiero darle a mi niño un recibimiento más lento y más fluido, no quiero que lo arranquen de mí como a Jael. Pero no hay ni una contracción. Se mueve muchísimo y me deja tranquila, al menos en parte, porque yo sigo contando movimientos.

Una parte de mí sigue pensando que todo puede acabar mal, por mucha fe que le intente poner. He perdido la inocencia y creo que para siempre. Porque los hijos también mueren. Yo también puedo morir en el parto, esta idea me ronda últimamente la cabeza.

Semana 39. Un jueves a las 11:20, igual que su hermano. Nuestro niño ya está aquí, y está vivo y sano.
Para los demás, un final feliz. Pero esto no es un final feliz, el único final feliz que se me ocurre es imposible. Ni siquiera es un final. Para mí es un nuevo comienzo, un rayito de luz que llega para demostrarme que todo es posible, y que hay amor de sobras para el cielo y para la tierra.

(El parto y el postparto los dejo para el próximo post!)

6 comentarios sobre “Arco iris en camino

  1. Me siento súper identificada con todas esas sensaciones. TODO. La agonía de ir al baño y esperar que no haya sangre, las ansias entre ecografía y ecografia por ver que esta bien, también las visitas en la matrona para que me pusieran el doppler y poder escuchar su latido… Y esperar el parto con miedo sabiendo como dices, que a veces se van en la recta final o incluso en la sala de partos/quirófano.
    Pero aquí les tenemos… Gracias por el post, es como si alguien hablase por mi (y seguro que otras mamás arcoiris que lo lean se sentirán igual).

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  2. He llegado a este post de casualidad y sólo puedo darte las gracias. Me encantan tus palabras, tu naturalidad y la manera en que expresas esos miedos que nos invaden cuando aprendemos algo que ojalá no hubiéramos tenido que aprender… como tu dices “los bebés tb mueren”. He perdido dos embarazos y los miedos me invaden, pero conocer historias como la tuya, que traspasan los miedos y tienen al final un rayito de luz de un nuevo camino, es un auténtico chute de energías para todas las que aún no hemos tenido la “suerte” de poder poner los pies en él.
    Brindo por tu nuevo comienzo, por los recuerdos de lo que pudo haber sido y la mujer que nació ese día
    Brindo por todas las mujeres que en silencio nos convertimos en auténticas guerreras y brindo por todos los “gilipollas” que las mujeres que hemos pasado por ello, pensamos en cada comentario
    desafortunado
    Brindo por ti y por Gary ❤️

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    1. Muchas Gracias Gemma. Siento mucho que tus bebés hayan fallecido. Es injusto, y de verdad no puedo ni imaginar cómo de doloroso puede ser perder también un arco iris gestado con tanto amor y a la vez tanto miedo. Eres una mamá muy valiente, y deseo de todo corazón que también puedas ver ese rayito de luz cuando estés lista. Un abrazo al alma luchadora.

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