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¡DEJÁDNOS SER MADRES!


A todas nos ha pasado. Vas por la calle, en el metro, en el ascensor de tu casa, y de repente te ves sometida a un tercer grado en lo que respecta al cuidado de tu bebé. Como si fueras tonta. Como si tu instinto fuese el mismo que el del chicle que llevas pegado a la suela del zapato. Frases, comentarios, consejos…todos ellos sin sentido y que te hacen sentir la peor madre del mundo. Pero hoy no. Hoy nos lo vamos a tomar con humor.
Pensaba ponerle de título al post “20 cosas que no debes decir a una madre”, pero como me imagino que jamás dejaran de hacerlo, me quedo con este:

¡DEJÁDNOS SER MADRES!

Esto da para una trilogía por lo menos. Desde comentarios acerca de tu modo de alimentación hasta juicios y valores por tu estilo de crianza. No importa lo que hagas, siempre habrá algo que estará mal para los opinólogos. Aquí os dejo unas cuantas que hemos recogido entre todas, pero seguro que habría que añadir cientos más.

  1. “¡Pero si parece que te han dejado otro dentro!” (haciendo referencia a nuestra barriga hinchada de recién parida).
  2. “Esta niña está muerta de hambre. Está desesperada. ¡Ay tu madre, que no te quiere dar de comer!” (por aquello de la lactancia ésta que nos ha dado ahora por retomar)
  3. “¡Uy! Tú con ese pezón no vas a poder dar teta”.
  4. “Mira como lo coges, ¡si le vas a hacer daño!”.
  5. “Abrígalo/destápalo”. No lo intentes: nunca, nunca, pero nunca acertarás con la ropa que le pongas al bebé. La temperatura ambiente siempre estará en desacuerdo con su trajecito.
  6. “¿Me dejas subir una foto de la niña al Facebook? Es para que la vea mi amiga del pueblo”.
  7. “Este niño es igual que su padre” (prácticamente desde la eco morfológica de las 20 semanas).
  8. “Y que, ¿para cuándo el segundo?” Señora, aún no puedo ni sentarme de una manera digna.
  9. “Esto (lo que sea) se ha hecho toda la vida y no ha pasado nada”. Bueno, habría mucho que discutir en esta frase.
  10. Esta es de mi madre: “Pues tampoco hace tanto que yo te crie”. Mamá, hace casi treinta años. Treinta.
  11. “No lo cojas tanto que se acostumbrará a los brazos”. Te lo dice la misma que si se cruza contigo por la calle y el niño va dormido en el carrito, lo coge. Pero tú no lo cojas.
  12. “Échale cereales en el bibi de la noche para que duerma del tirón”. Una bestialidad que, por cierto, no funciona.
  13. “¿Tres meses y aún no la has dejado para salir? Hija mía que no pasa nada, hay que disfrutar”. Esto probablemente te lo dirá la misma que si te ve por ahí sin niño te dirá “Anda, ya lo has soltado por ahí, ¿no?”.
  14. “El niño tiene que acostumbrarse a dormir en su cuna, porque la cama es para la pareja”. Que pereza más grande, de verdad.
  15. “¿Tan pequeño y ya lo sacas a la calle?
  16. “Mira tu madre como te ha puesto la camiseta”. Esto lo dicen mientras recolocan ellas mismas al bebé y lo que lleve puesto, toqueteando todo lo que puedan.
  17. “Anda, dame dame que yo lo calmo”. Las educadas. Las que no, te lo pueden llegar a quitar de los brazos. Doy fe.
  18. “Déjalo que llore que se malacostumbra”. Una buena dosis de Carlos González les daba yo.
  19. “Ahora lo que tenéis son muchas tonterías. Tenéis a los niños como reyes”. Es que lo son, son los reyes de nuestra casa y lo más valioso que tenemos.
  20. Y la última, cuando tienes la mala suerte de que te de un ataque de llorera delante de una de éstas, y te dicen aquello de: “¡Ah amiga! ¿Para eso querías tener hijos? ¿Pensabas que todo iba a ser precioso?”
Es precioso tener hijos. Lo que se nos hace cada vez más insoportable son las opiniones de la gente que ni nos va, ni nos viene. Porque la verdad es que en esos momentos no nos importan ni las opiniones de las personas que sí nos quieren.
Lo que queremos es estar en paz, criar en paz, amamantar (o no) en paz.
Lo que necesitamos es que de vez en cuando alguien nos recuerde lo bien que lo estamos haciendo, TODAS.
Lo que no queremos es que nos hagan sentir mal, porque la mayoría de las veces lo consiguen. Consiguen que perdamos esa parte de confianza en nosotras mismas, el cerrar los ojos y oídos y seguir a nuestro instinto, que es el que nunca falla. Consiguen que dudemos de nuestra capacidad para criar a niños felices.


Seguramente es su modo de venganza porque ellas se sintieron igual de atacadas. Quizá es que ven que las cosas han cambiado tanto, que sienten que las que se equivocaron fueron ellas. Quizá es que ya no recuerdan lo mal que se sentían cuando alguien les hacía un comentario así.

Vosotras criasteis a vuestros hijos como pudisteis, como supisteis, como quisisteis. ¡Ahora nos toca a nosotras!

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