casi treinta·cumpleaños·mama·resiliencia

Casi treinta

Me hago mayor. Irremediablemente y sin frenos. Atrás quedaron los “veintialgo”, ya estamos a un pasito de los treinta. Hago balance y joder, que vida tan intensa. He vivido en cuatro ciudades diferentes, he conocido a cientos de personas. Me he enamorado hasta las cejas en más de una ocasión. He parido a dos hijos preciosos. Dos. He sufrido mucho, sí, pero he reído hasta que me ha faltado el aire.
Casi treinta…

No cambiaría ni un año de mi vida. Bueno, el 2012 sí, ése fue una mierda.
Los años dan sabiduría. Quizá más que los años, las historias. Las historias que no se cuentan del todo, las que sí, las que jamás dejarías ni siquiera intuir. Si echo la vista atrás, cada una de esas historias son las que me han traído hasta aquí. Hasta lo que soy ahora. Más sabia, más capaz.


Ahora me quiero lo suficiente como para rodearme sólo de personas que me quieren. Me tengo el suficiente respeto como para no permitir que nadie me lo falte. Ahora abrazo mis emociones, incluso las que no se pueden contar. Me acepto y acepto esos defectos, esos pequeños alivios que están ahí dónde no deberían estar. Y si entiendes esto último, es porque sabes demasiado sobre mí.
Me despierto cada día dando las gracias por una mañana más, por poder desperezarme junto a un pequeño rubio de dos años y otro rubio algo más mayor. Y vamos a por uno más, con ganas y alegría porque la ocasión no merece menos. Despertar. Tan importante y que poco valor le damos.

Me sonrío a mí misma cuando las cosas salen bien. Y cuando no también, ya saldrán mejor.
¿Las cosas que me alegran los días? Las mariposas blancas, los semáforos en verde, la sonrisa de un anciano, una brisa fresquita en pleno julio, los cinco minutos más en la cama, un mega abrazo de Gary. Hablar con mi madre por teléfono, escuchar el nombre de mi hijo, la conversaciones con las locas de atar de mis amigas. Nuestro sofá a la hora de cenar, cuando sólo quedamos los semiadultos.

Pocas cosas son capaces de amargarme el día. Si acaso me lo nublan un poco el egoísmo, la apatía, la negatividad, las injusticias que se ven en la tele a partir de las tres. El no tener ni un segundo para mí quizá, pero con una rabieta y un mega abrazo descargo y se me pasa.

Lo confieso, sigo emocionándome cada vez que escucho a Alejandro Sanz. “Cuéntame, otra vez, como iba aquella melodía…”.
Y sigo cantando a voz en grito cuando conduzco sola. Sobretodo si aparece Leiva en la radio. Insultar, también insulto cuando conduzco, pero sólo es una forma más de descargar.

Sigo llorando por las mismas cosas a veces. Sólo a veces. Sólo cuando tengo tiempo de pararme a recordar. Y cuando recuerdo, recuerdo muchísimo. Sigo echando de menos a personas y a personitas, y creo que lo haré por el resto de mi vida. A mi hijo, a mi abuela. Granada. A mi familia feliz de pegatina, a veces también. Echo de menos a muchos amigos que ya no están cerca, pero supongo que el crecer también implica eso, echar de menos.

Soy la misma chica fiel y prudente de siempre. Demasiado prudente quizá. Menos mal que apareció el imprudente que duerme a mi lado ahora, para darme algo de valor.
Torpe, miedosa y con vértigo: la peor compañera de aventuras. Algo vaga a veces, me encanta dormir. Y me encanta comer mal, lo reconozco.
 La devora libros, la que busca y busca información de lo que sea. Medio friki, pero sólo a medias. Con tantos proyectos e ideas en mente, que se me colapsan y me salen demasiado poquito a poco. Pero van saliendo.

Me siento guapa, si. Pero no porque lo sea, sino porque ya me importa poco que los demás me vean fea. Y salgo sin maquillaje la mayor parte de los días. A veces hasta sin peinar. Todo lo que quiero enseñar al mundo lo llevo por dentro, lo demás son sólo máscaras.

No creo en Dios, ya no. Y si existe, seguro que comprenderá que después de enterrar a un hijo su figura me parezca un cuento chino. Pero si creo en el Amor, que es el único capaz de sanar heridas, de cambiar el mundo. Creo en la Energía, en la descarga de felicidad que dan algunas personas solamente con un abrazo. Creo en el Alma, que dicen, es la que permanece. Y creo en Mí y en mi poder para transformar mi vida en lo que quiera.

Será la luz que trajo Jael a mi vida quizá. Desde luego que jamás volví a ser la misma. No he vuelto a preocuparme por problemas que antes me parecían un mundo. No he vuelto a llorar sin sentido. He aprendido a amar con ganas y he dejado de odiar. El odio y el rencor son los peores sentimientos que existen.  
No he vuelto a juzgar el dolor de una madre. El dolor de madre es demasiado intenso como para ser juzgado.
Siempre tendré ese pellizquito en el alma, pero me considero afortunada.
Ayudo a todo el que me lo pide, pero he aprendido a hacerlo cuando me lo pidan, no antes.

Y soy feliz. Porque puedo y porque lo merezco. Y porque me encargo personalmente de hacer posible esa felicidad.
Me siento empoderada, si. Y estoy convencida de que no hay nada que no pueda lograr. El que quiera acompañarme en el viaje será bienvenido, y al que no, le doy las gracias infinitas por no entorpecerme.

Veintinueve, casi treinta, y un sueño cumplido. Antes de llegar al la tercera década, espero cumplir un par más. Y después, a seguir soñando. Y a seguir sumando, que eso es buena señal. Es lo que tiene estar viva.

Un comentario sobre “Casi treinta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s