duelo gestacional y neonatal·stillbirth

Querido Marzo…

Querido y temido Marzo,

Has vuelto, de nuevo, inevitable y silencioso. Lentamente, tras el frío, tras el ajetreo que trae enero y el amor que se supone trae febrero. La antesala de la primavera, la puerta a otro renacer lleno de vida, de colores y olores nuevos. Tú, que empiezas a traer el calor, las terrazas, los paseos por el parque a las seis de la tarde. Tú, que traes los días más largos, los sueños más vivos, el olor a jazmín que tanto y tanto añoro. Tú, que sabes bien que para disfrutar de todo eso, hay que sobrevivirte, Marzo.

Y pensaba que este año no dolerías; pensaba que ya son cinco, que sólo eres un mes más, que nada puedes traer que pueda hacerme decaer. Pero dueles, y los días pesan, y el cuerpo recuerda. Y me encuentro con que estoy más cansada, más triste, más enfadada. Me noto menos paciente, con menos ganas, con menos risas. Con más sueño, como si pudiera dormir hasta Abril y así no tener que enfrentarme a ti. Con más dolor, dolor del físico. Aquí, sobre los hombros, cómo el peso de la culpa, otra vez; del miedo, otra vez; de los sueños que no se cumplieron y de los que tuve que deshacerme un día.

Los ojos que se nublan por el agua salada, el nudo en la garganta. Nudo de gritos, de palabras que se atragantan por no poder salir a la luz, por no querer soltarlas. Y no lloro, querido Marzo, y no grito…pero debería. Porque estás aquí, porque no eres un mes más.

Eres el mes más querido y más temido del año. Eres el mes que me vió convertirme en madre, y eres el mes que me vio perderlo todo. Todo. El que me vio despedirme de lo que más amaba sin querer despedirme, sin saber despedirme. El que me enseñó que nada se puede dar por hecho cuando de la vida se trata. Y contigo aprendí que somos frágiles, que no hay nada más importante en este mundo que lo que no se puede comprar; aprendí que la maternidad no siempre es un cuento de hadas, que no siempre tiene final feliz; aprendí que los hijos también mueren, y eso, querido Marzo…eso se tatua en el alma, se graba de tal manera que jamás se olvida. Y lo aprendí contigo, me lo trajiste tú.

Lo que más me preocupa es que te siento antes de que llegues, y me preparo, y lo asumo, y me digo una y otra vez que este año será distinto. Pero luego me doy cuenta de que apenas he escrito nada un mes atrás; que soy incapaz de acompañar a una madre en duelo tal y como se merece; que dónde en otra ocasión tendería mi mano sin dudarlo, en esta época del año soy incapaz, no puedo. No puedo, ni debo, porque me necesito a mí, entera para mí.

Que además, querido Marzo, sabes qué debes ponerme en el camino. Como que los temas de lactancia que toquen este mes sean prematuridad y duelo, por ejemplo. Para que lo enfrente o para que lo aparte…para que decida. Como que me traigas unas jornadas de duelo perinatal, dónde se hable de bebés que mueren, de familias que lloran, de entierros que no se producen… Para que me resuene, para que me sacuda, para que no desvíe mi atención con otras cosas.

Y te temo Marzo, porque cada vez que llegas es un año más sin él. Seguimos contando, seguimos sumando y seguimos adelante sin él. Sin su diminuta presencia, sin sus diminutas manos. Te temo, porque parece que cuánto más llegas tú, más debería haber aparecido el olvido. Como si pudieras borrar algo a tu paso, como si los hijos se olvidaran algún día.

Pero a pesar de todo, te espero querido Marzo. Te espero durante todo el año, para celebrar su vida, para ignorar su muerte; te espero para recordarlo y para nombrarlo como quizá no me permito el resto del año; te espero para hacer de su paso por el mundo una fiesta; te espero porque hay personas que con tu llegada me escriben, pronuncian su nombre, lo recuerdan y me lo hacen saber. Porque lo que se calla durante once meses parece que encuentra una salida, una excusa para aflorar y ver la luz. Así que también te espero, y también te quiero.

Y en este mes, que para mí sólo tiene diecisiete días desde hace un tiempo, me dispongo simplemente a dejarme llevar, a dejarme llorar…aunque cueste. Me prometo fluir con la corriente, sin más. Sin prisas, sin obligaciones, sin culpas, sin miedos. A disfrutar el viaje, a saborear el vuelo…y a esperar a Abril.

Gracias.

4 comentarios sobre “Querido Marzo…

    1. Hola Irma. Si, claro que duele, cada año es una espinita. Dieciséis años son muchos, pero nunca serán suficientes para olvidar, no podemos ni debemos olvidar. Te mando un abrazo enorme y un besito alado para tu hijo.

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  1. Gracias por esto, me siento tan identificada, para mi marzo solo tiene 12 días, y siempre lo tendre en mi memoria marcado, solo hace un mes y medio que mi segunda hija nos dejó en la semana 38 de gestación,un saludo y gracias por todo lo que escribes😘😘🌠👼

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    1. Lo siento muchísimo. Cada vez que alguien me escribe con una pérdida tan reciente, no puedo evitar sentir un nudo en el estómago. Es muy injusto…
      Espero que puedas encontrar la luz para transitar por este camino que se te presenta ahora, y no dudes en pedir la ayuda que necesites para ello. Si quieres, hablamos ❤

      Un abrazo

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