duelo gestacional y neonatal·familia

Mi hijo se llama Jael

Durante mucho tiempo oculté al mundo que tenía un hijo. Es así, me arrepiento, pero supongo que no podía hacer otra cosa en aquél momento.

Cuando me preguntaban: “¿Tienes hijos?”, casi siempre contestaba que no. Y por dentro gritaba que sí.

O durante el embarazo de Gary, cuando me decían “¿Es el primero?”, casi siempre respondía que sí. Pero mis entrañas, mi útero, gritaban que no. Que no era el primero, que antes hubo otro bebé en mi vientre.

No puedo pediros que comprendáis esto, sobretodo aquellas personas que habéis visto partir un hijo y que lo habéis nombrado desde el principio. No, no puedo pediros comprensión. Pero quiero deciros que para mi había una explicación muy sencilla: autoprotección.

No es que quisiera olvidar, sabía que jamás podría; tampoco quería renegar de mi bebé, del gran amor de mi vida.

Lo único que pretendía era dejar de explicar a todo el mundo que mi hijo había muerto. Porque eso hacía mi pérdida real, tangible, presente. Porque no podía evitar que con las primeras palabras afloraran las lágrimas imparables y ruidosas, retenidas durante tanto tiempo, como esperando una pequeña rendija para escapar.

Porque siempre he sido muy reservada, mis amigas se han quejado toda la vida de que tenían que sacarme las cosas a la fuerza. Me ha costado mucho expresar mis sentimientos desde siempre, y no hay sentimiento más profundo que el dolor por un hijo. Por eso precisamente este blog.

Porque estaba cansada de escuchar las típicas frases sin sentido, esas que aparecen cuando se habla de bebés que fallecen. Creo que todos sabéis de que frases hablo. Era agotador e inútil tratar de hacer presente un dolor cuando el resto del mundo sólo quería demostrarme que estaba exagerando, que no tenía derecho a sentirme así.

Porque estaba cansada, también, de las caras de horror y los ojos emocionados. Porque no, nadie quería escuchar aquello, nadie quería oir hablar de niños muertos. Y lo entiendo, yo antes tampoco quería.

Por eso mentía. Mentía, y después le pedía mil veces perdón a Jael por haberle negado, por no haber dicho su nombre bien alto, por haberle quitado su lugar en mi mundo.

Me hice un tatuaje con su nombre, a los pocos meses de su muerte. Su nombre, su precioso nombre envuelto en unas alas de ángel. Eso era para mí en aquél momento: mi ángel, mi pena, mi dolor. Y entonces, cuando me preguntaban que quién era Jael, yo sólo respondía: “Es mi hijo”. Sin más. No hacía falta más.

En parte fue liberador. Los curiosos que seguían preguntando al final se encontraban con la realidad: “Es mi hijo, pero murió”. Y vuelta a empezar.

Pero después de nacer Gary ya sabéis, todo cambió. Jael ocupó su lugar, el de mi primer hijo. Ahora no dudo en decir que tengo dos hijos, que Gary tiene un hermano. Y que sí, que Jael murió hace cinco años, pero que sigue siendo mi hijo y lo será siempre. Supongo que el tiempo y el trabajo personal hacen la diferencia. Supongo que ese es el resultado de mi aprendizaje.

Me di cuenta de que la única barrera era yo misma. Que no importa que los demás piensen que estás loca, o que no lo has “superado”, o que ya deberías olvidar “aquello que pasó“. Da igual, es que no ha de importarme. Lo único que importa es que yo lo siento así, y así debo transmitirlo. Para serme fiel a mí, y a mis hijos. Para romper el silencio de los bebés que se van, al menos en la pequeña parte que me ha tocado.

Os cuento esto porque el otro día recibí un gran regalo. Trabajo en una tienda de ropa, una gran cadena, y estos días han sido de bastante movimiento de clientes. Una tarde entró una familia francesa, una mamá con sus dos hijas y su hijo. Y escuché como llamaba a una de ellas “Jael”. Si, una de esas chicas se llamaba Jael. Era rubia, preciosa, de unos diecisiete años.

Se me erizó el vello. Supongo que todos los que hemos perdido a alguien sentimos eso cuando oímos sus nombres, pero estaréis conmigo en que Jael no es un nombre muy común. Entonces, cuando vinieron a pagar sus compras, el chico vió mi tatuaje:

-“¿Vous appelez Jael?”.

-“Non, mon fil s’appelle Jael”.

Y me di cuenta de que lo dije sin que me temblara la voz. Sin que la sangre trepase por mi cuello hasta mi cara; sin que las lágrimas llamaran a la puerta y sin esperar tener que dar más explicaciones. Lo dije convencida de que esa es mi realidad, la realidad de mi familia. Lo dije saboreando lo dulce que suenan esas palabras en francés. Y lo dije con orgullo de madre, porque así es como siento a mi guerrero.

Nunca, nunca, nunca más negaré que tuve un hijo antes que Gary. Un hijo que vivió y murió para darme las más maravillosas lecciones de vida.

Y es que, si no lo nombro yo, ¿Quién lo hará?

Mi hijo, mi primer hijo, se llama Jael. ¿Y el tuyo?

16 comentarios sobre “Mi hijo se llama Jael

  1. Soy una “nombradora compulsiva” de mi niña mayor Blanca, que parece querer siempre atravesar mi boca con su nombre precioso. Pero cómo entiendo esa autoprotección, hacia mí, y hacia ella. El no querer “exponerla” a frases hechas, a conclusione fáciles de los que no se han despedido de sus hijos.
    Gracias!

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    1. Hola María. Esa es la palabra justa: Exposición. Temor a que no sólo no comprendan, que eso al final da igual. Es el temor a que juzguen y empañen nuestra mirada llena de amor hacia nuestros bebés. Siento muchísimo que Blanca falleciera, y tienes razón, es un nombre precioso.
      Un abrazo y gracias

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  2. Precioso escrito mama de Jael, del que me siento muy identificada… Soy mama de tres preciosos hijos aunque,por desgracia, dos de ellos que no juegan en el parque pero si los aguardo en mi corazón, mi primer hijo Iker que lo nombré y nombré y el mundo entero lo reconoce como lo que es, mi primer hijo y mi pequeña Kira, mi dulce niña de la que apenas he hablado con nadie, de la que parece que olvidara a la semana de dejarnos… Y nada más lejos de la realidad, como bien dices, me creé un muro de autoprotección para no volver a pasar por lo que pasé con mi primogénito, para que la gente no preguntara, para que no me volvieran a mirar con esa mirada de lástima… Y que error más grande por mi parte… Mi pequeña es la que me hace llorar cada vez que la reconozco en un texto, en unas palabras, en un bebé de su edat… Gracias por tu mensaje!

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    1. Lo siento muchísimo mamá. Me alegro de que hayas logrado darle a Iker su lugar en tu vida. Y Kira a su manera también lo tiene. No en todo actuamos igual, depende del momento, de las fuerzas, de las vivencias…de mil cosas que juntas hacen que vivamos cada proceso de una manera diferente. Te animo a que lo vivas como desees, y que no lo consideres un error, sino una experiencia distinta. Kira vive y vivirá siempre en ti, hagas lo que hagas de cara al exterior. Te abrazo en la distancia

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  3. Precioso blog.
    Mi hija se llama Ana. Se fue hace casi 9 meses a las 25 semanas de embarazo. También me he hecho un tatuaje, en la muñeca, unos pies y su nombre, símbolo de lo que me dejó, me dieron sus huellas en una tarjetita en el hospital.
    No sé si volveré a quedarme embarazada, pero ella es mi hija, la quiero con toda mi alma. Y si alguna vez tengo más hijos, Ana siempre será la primera. La tuve en mis brazos, su papá y yo la miramos, la besamos, nos transmitió una inmensa paz.
    Ana, papá y yo te queremos con toda nuestra alma.

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    1. Lo siento tanto…
      Transmites un amor inmenso con tus palabras, está claro que la hermosa Ana te dejó un gran regalo de vida. Y puedo imaginar lo que duele hoy su partida, su muerte, pero te aseguro que el hecho de haberte despedido de ella puede marcar la diferencia. Y si, siempre será tu primera hija, la más especial…
      Te mando un abrazo directo al alma valiente ❤

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  4. Hola, mi pequeñita se llama Gabriela ella no alcanzo a nacer se enredo con el cordon a la semana 38, ya casi a punto de nacer, el 1 ero de mayo de cumplio un año, yo cada que tengo oportunidad la nombro, aunque me duele y se me parte el alma al recordar aquel dia como si fuera ayer, me gusta nombrarla y que todos sepan que tengo una bebe hermosa en el cielo, no me canso ni me cansare nombrarla

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  5. Yo perdi a mi segunda hija. La primera se llama Claudia una princesa de 6 años. La segunda se llama Lucia y cuando oigo ese nombre por la calle se me eriza todo.

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  6. Mi primera hija se llama Daniela… No sé si habrá una segunda hija o un segundo hijo… Daniela falleció el pasado 15 de junio, sólo pasó 2 días fuera de mí, después de 25 semanas y 4 días dentro de mí… Mi propio cuerpo la ‘echó’ y es un dolor que no sé si podré soportar… Daniela estaba sana y era preciosa, pero mi cuello uterino decidió borrarse y sin darme cuenta a tiempo, porque no hubo señales hasta que era demasiado tarde, no pude protegerla más… No sé qué pasará dentro de semanas o meses, sólo sé que estoy rota, que pronto cumpliré 40 años y me siento vieja y vacía… Supongo que todo ésto es ‘normal’… Buscaré ayuda, por éso me he encontrado con este precioso texto, aunque la única ayuda que deseo ahora mismo es imposible, no puedo volver atrás en el tiempo e intentar hacer las cosas de otra manera para conseguir otro final, un final feliz… 😥

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    1. Rosana, siento mucho que Daniela falleciera. Te entiendo, estás rota, tu alma se ha partido en mil pedazos, y reconstruirla llevará tiempo. Tienes derecho a sentir lo que sientes, esto es muy duro. Sólo puedo decirte que te prometo que un día dolerá menos, te lo prometo. Que todo lo que sientes ahora jamás se borrará de tu mirada, pero que llegará el día en el que pienses en tu hija con una sonrisa en tu rostro. Busca ayuda, no tienes porqué caminar por el duelo sola. No puedo asegurarte que tendrás tu final feliz, creo que después de la muerte de un hijo eso no existe. Pero si tendrás un nuevo comienzo, de la manera en que tú elijas. Ella te guiará. Un abrazo muy fuerte y muchísima luz. Gracias por leerme ❤

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  7. Mi segundo hijo se llama Enzo. Y es mi hijo y siempre seré su mama, cinco días en este mundo hizo de él un pequeñito gran luchador y aunque se nos fue, quiero que Gael (mi primer hijo) lo tenga presente siempre.
    Un nombre precioso el de Jael🌠Besos al cielo mamis…

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