Lactancia

La lactancia artificial y la muerte de Jael

Este es un post difícil de escribir, difícil de sentir, y seguro que para muchos, difícil de leer y de entender.

No, no es un post en contra de la lactancia artificial: estoy totalmente a favor de que cada madre viva su lactancia y su puerperio en la forma que desee, utilizando las herramientas y la información de que dispone en ese momento. Soy madre, y a mi segundo hijo lo alimenté con teta y también con fórmula, porque me faltó acompañamiento, información y recursos, y porque no tuve un postparto fácil. Porque yo lo decidí así.

Aún así, el tema de la lactancia me viene rondando desde que parí y me despedí de mi primer hijo, Jael. Y es por eso que este año decidí formarme como asesora de lactancia, formación que he terminado hace un par de meses. Y ésta ha sido más que un diploma en la pared, ha sido una revelación a muchos niveles, tanto personales como profesionales. Pero la mayor revelación ha sido esta: hoy puedo afirmar que la muerte de mi hijo fue causada por la leche de fórmula.

Los que habéis leído el blog sabéis que Jael murió a los diecisiete días de su nacimiento. Nació muy prematuro, a las 26 semanas de gestación, y pesó tan sólo 870 gramos. Los días que vivió fueron duros e intensos, y desde el primer momento me recomendaron, por no decir que me obligaron, a extraerme la leche para él. Los médicos y enfermeras no dejaban de repetirme que la leche materna era vital para él, y nos lo tomamos muy a pecho, nunca mejor dicho.

Yo me extraía leche cada dos o tres horas, día y noche, y la conservaba en los botes que me daban para ello, los transportaba en una pequeña nevera y los llevaba al hospital. Día tras día, mi vida transcurría entre el ruido de mis sollozos mezclado con el ruido del sacaleches eléctrico, y los viajes de más de cuarenta minutos en coche, con una cicatriz que me partía en dos el cuerpo y con una angustia por no tener cerca a mi bebé que me partía en dos el alma. Día tras día, noche tras noche.

Y mi producción no era suficiente. Decían que por el estrés, la tristeza, la anemia…otros insinuaban que quizá me estuviera saltando tomas. Lo cierto es que tampoco muchos se acercaron a comprobar que lo estaba haciendo correctamente. Yo lo único que veía eran madres sacando botes llenos y a pares en la sala de lactancia del hospital, mientras que mis botes nunca llegaban a estar llenos ni a la mitad.

Al principio estaba bien, Jael necesitaba muy poquito, pero eso no duró mucho tiempo. No era suficiente, y yo lo sabía. Pregunté por la leche de madres donantes, me enteré de que eso existía porque una madre que tenía a su hija ingresada allí iba a hacer ese precioso gesto. La respuesta fue que esa opción era para “otros casos”, y a día de hoy me pregunto para qué casos en especial sería. Supongo que pensaban que para mí era la opción fácil: yo abandonaba y otra haría el trabajo por mí. Así lo siento, pero nada más lejos de la realidad. Yo sólo quería asegurarme de que mi hijo tenía lo mejor, y estaba claro que yo por el momento no podría dárselo aunque ni me planteaba dejar de intentarlo.

Un día me dijeron que tenían que analizar mi leche, hacer un estudio, que lo hacían con todas las  madres. Y que durante un día o dos a Jael lo alimentarían con fórmula. No entendí bien para qué era ese estudio y porqué tenían que dejar de darle leche materna, no alcanzaba a comprender, pero mi estado emocional no me permitía preguntar ni oponerme, ni pensar ni discutir. Asentí, accedí. Casi a la misma vez me propusieron pautar una medicación para mí, me lo definieron como “unos ansiolíticos para que yo me encontrara mejor, pero que tenían como efecto secundario el aumento de la producción de leche”. También accedí, y empecé a tomarlas, y en un par de días empecé a notar la diferencia. Justo cuando ya no servía de nada, porque a los dos días mi hijo murió por enterocolitis necrosante.

La enterocolitis necrosante es una enfermedad que afecta al intestino y que está directamente relacionada con la prematuridad y con la alimentación con leche de fórmula. Es una enfermedad grave, y la tasa de mortalidad se encuentra cerca del 25%. Los días posteriores a la muerte de mi niño busqué en internet acerca de esta enfermedad, pero no me detuve mucho. Aunque había una frase que leí que siempre ha resonado en mí: “bebés que han sido alimentados con lactancia artificial”. No quise ahondar en ello, no quise saber más, estaba bien así.

Recuerdo darle a Gary los biberones con miedo los primeros días, sin saber bien porqué. Recuerdo que, a pesar de que todo mi entorno me decía que no pasaba absolutamente nada, en mi interior algo me decía que no era del todo así. Y me veo a mí misma en aquellos días buscando información para relactar, para poder quitar suplementos, para poder conseguir una lactancia materna exclusiva. Y todo ello con una sensación de no saber el motivo, sólo instinto, tan sólo entrañas.

Supongo que la vida te pone delante los temas pendientes en el momento en qué estás preparada para afrontarlos, para trabajarlos. A mi me llegó este año…

La formación de lactancia funcionaba de tal manera que nosotras teníamos los apuntes del tema que íbamos a ver en clase unos días antes, para que tuviéramos tiempo de leerlos y saber por dónde iríamos caminando. Y fue en el tema “Perjuicios de la lactancia artificial” donde lo vi claro. Durante la clase, fue la primera vez en mi vida que pude afirmar que la causa de la muerte de mi hijo fue esa: un biberón (o varios). Mi profesora asintió con los ojos cerrados, mis compañeras preguntaban…nadie me dijo que no estaba en lo cierto. Y aunque algo dentro de mí se rompió un poco, porque yo ya estaba segura de que apenas me quedaban un par de aspectos que trabajar con mi duelo, me sentí enormemente acompañada.

Esto ha supuesto una vuelta de hoja. Ahora tengo que lidiar con mi sentimiento de culpa, esa culpa que aparece siempre tras a muerte de un hijo, que aparece en la maternidad en general. Porque las madres somos así, muy de culparnos, de flagelarnos. Tengo que trabajar codo con codo con mi parte de responsabilidad en esto: porque mi leche no era suficiente, porque accedí a aquellos biberones, porque no peleé más por la leche de donantes. Porque si, quizá alguna noche me salté una toma.

Sé que muchos de vosotros si estáis leyendo esto pensaréis que no puede ser cierto, que quizá estoy exagerando y que la “secta de la teta” como la llaman algunos me ha absorbido hasta este punto. También sé que muchas otras entendéis de lo que hablo, y que ahora mismo os estaréis mordiendo el labio inferior con preocupación, asintiendo con los ojos cerrados e intentando empatizar conmigo. Pero es que yo lo siento así, lo creo así. No es fácil ni bonito, pero es la realidad con la que yo elijo quedarme.

Soy consciente también de que la única causa de su muerte no fue esa: un nacimiento prematuro, escasos momentos de piel con piel…Jael murió principalmente porque nació mucho antes del día que ponía en mi libro de embarazada. Catorce semanas antes. Ese fue el principal motivo, lo sé, y los motivos de esa prisa por nacer también me acompañan a diario. Pero también sé que esos biberones jugaron un papel muy importante, que quizá sin ellos hubiera sobrevivido, que las casualidades no existen. Y este es el trabajo personal que a mi me queda por delante.

Y por eso, como asesora de lactancia y como madre en duelo, ahora hay ciertas cosas que me chirrían y me molestan hasta decir basta. Como que se den “biberones pirata” (cuando la enfermera de turno decide darle una “ayudita” de fórmula al bebé sin que los padres lo sepan); como que no hayan apoyos suficientes a la lactancia en las unidades de neonatología; como que se hable de que las leches de fórmula hoy en día son iguales a la leche materna. El “no pasa nada por darle un biberón”… A veces no pasa nada, y a veces pasa “todo”. A nosotros nos ha pasado.

Por mi parte, no he sanado esto aún. Me pesa y estoy segura de que lo hará por mucho tiempo. Pero pienso aprovecharlo para crecer y para colaborar a que esto mejore, a que se difundan este tipo de informaciones. No por alarmar, ni por asustar, ni por crear una sombra en todas aquellas madres que decidan no dar teta. Está bien, todo lo que se hace con amor está bien.

Tampoco pretendo tirar por tierra el trabajo de los profesionales que trabajan en las unidades de neonatología, porque creo que son auténticos héroes.

Este post es tan sólo porque esta historia es real, fue mi hijo, fuimos nosotros.

Si has podido llegar hasta aquí, gracias.

A Noe, gracias.

A Anna, a Cris, a Noelia, a Mari, a las chicas del Club de Mamas. Gracias.

A Cristina, aunque quizá no entiendas, gracias.

Y a mis hijos, gracias por tanto aprendizaje. Siempre gracias.

 

Un comentario sobre “La lactancia artificial y la muerte de Jael

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