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Seis

Hoy es tu cumpleaños.

Hoy hace seis años que naciste de mí, que dejamos de ser uno. Te enfrentarías al mundo con nosotros de la mano, podrías con todo, serías fuerte y valiente. Soñábamos con tu futuro que sería también nuestro, con tu pelo quizá rubio, con tus ojos quizá verdes.

Yo era la de la habitación sin flores en la puerta, la que escuchaba el ruido de un sacaleches en vez del llanto de un bebé. La que recogía calostro con una jeringuilla, la que caminaba doblada por los pasillos para ir a verte, sin tocarte. La que se acariciaba el vientre vacío echándote de menos.

Seis años contigo y sin ti. Seis años como madre.

A veces me sorprendo a mí misma mirando a los niños de tu edad, empapándome de esas vidas llenas de energías y sueños por cumplir, de esas risas y ese ruido. De todo eso que hubieras sido y no fuiste. Fuiste y eres a tu manera, otra vida. Mucho más.

Y me doy cuenta Jael que siempre estás, siempre has estado. Que me pierdo a veces entre la prisa y el aire, y que cuando me encuentro, te encuentro. Que duermo tranquila porque sé que al despertar, me habrás arrojado toda tu luz para que encuentre de nuevo el rumbo. Y eres tú, siempre eres tú.

Estás en todas las cosas bellas de cada día. En los “te quiero” inesperados de tu hermano, en las sonrisas de los desconocidos, en las mariposas blancas, siempre. En los rayos de sol entre las nubes, en el paisaje eterno de una playa en Cadaqués, en el calor de un abrazo de papá. Siempre, en lo más profundo de nuestras miradas, estás tú.

¿Sabes? Gary a veces me pregunta por ti. Aún no entiende que no estás presente, que jamás podrá conocerte de otra manera que no sea a través de tus fotos, a través de papá y de mí. Le hablo de ti, a ratitos de emoción contenida. Tu hermano, a su manera, también te vive.

Y con los años, tu recuerdo ya no duele. Reconforta, alienta. Eres el motor, mi faro de recalada, mi guía. Eres la luz. Y te prometo, aunque sé que lo sabes, que no me dueles. Que te echo de menos, que siempre lo haré, pero que pienso en ti con una sonrisa y con la sensación de que hicimos algo grande. De que soy, sin duda alguna, mucho mejor que antes de ti.

Ahora tengo la certeza de que tu me das la fuerza cada día, me ayudas a levantar piedras y a seguir. Sin ti, pero contigo. Me has enseñado tanto…todo.

Hoy es tu cumpleaños y esto no es más que mi manera de seguir felicitándote, de seguir celebrando tu vida a pesar de tu muerte; mi modo de celebrar también el día que nací como madre. Poca cosa, nada es suficiente. Y las palabras a veces no salen, saben que sobran. Es tan infinito lo que siento al pensarte que ni con mil vidas podría describirlo.

Que te quiero, Jael. Que siempre lo haré.
Felicidades Chiquito.

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