Lactancia·Sin categoría

Mi lactancia en duelo

Ya había hablado de mi lactancia tras la muerte de Jael en otros espacios, la mencioné en algún otro post de este blog, pero nunca había pasado a contar con detalle qué sucedió y cómo me sentí esos días. Con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2018 (#smlm18) he pretendido lanzar una pequeña campaña en redes para visibilizar y concienciar acerca de esta lactancia invisible, y como cierre me gustaría explicaros mi experiencia.

Ya he contado en otras entradas cómo sucedió la muerte de Jael, cómo fue nuestra lactancia mientras seguía vivo, así que para poneros en situación podéis leer estas dos:

https://elpijamadegary.com/2016/10/14/bienvenidos-a-la-ucin/

https://elpijamadegary.com/2017/12/27/la-lactancia-artificial-y-la-muerte-de-jael/

 

Llevaba unas ocho horas sin extraerme leche cuando empecé a tomar conciencia del dolor en mis pechos. Todo el día fue caótico, arriba y abajo, corriendo, llorando…despidiéndome. Supongo que fue el momento en que pude sentirme en paz, en que todo, o casi todo, había terminado. Fue entonces cuando recordé que tenía una cicatriz en el vientre que necesitaba descanso, y cuando recordé que tenía dos pechos que estaban amamantando.

Había escuchado por mujeres cercanas que no quisieron dar el pecho que existía una “pastilla para cortar la leche”, así que le pregunté a la pediatra que nos había acompañado toda la tarde “¿Qué hago con esto?”, señalándome el pecho. Me dijo “Ah! La leche, claro. Ahora vengo“. Y volvió con dos pastillas. Me dijo que me tomara una entonces y otra por la mañana, y que si no se me había cortado fuera al médico de cabecera a por otras dos. Nada más. Ni me habló de analgésicos, ni me propuso extraerme un poco para aliviar esa tensión. Nada más.

Al día siguiente, al despertar, mis sábanas estaban mojadas. Tomé la segunda pastilla. Pero a la siguiente mañana, de nuevo amanecí mojada. Fue entonces cuando entré en una espacie de crisis. “Aquello” seguía allí. ¿No se suponía que debía haber desaparecido? Había hecho lo que me habían dicho, ¿porqué entonces seguía teniendo leche?

Así que seguí el consejo de la pediatra y me fui al médico de cabecera. El señor que me atendió era el médico de guardia, más  preparado supongo que para atender catarros que para lidiar con una madre en duelo en su consulta. Le expliqué el caso por encima, omití que mi hijo había muerto, era demasiado íntimo. Me insistió en que no podía darme más pastillas, llamó a la matrona para confirmarlo. “No podemos darte más pastillas, tú no te pongas al bebé al pecho, véndate fuerte y desaparecerá. Sobre todo no te pongas al bebé al pecho“. Rompí a llorar, me era imposible hablar. “No pasa nada mujer, estas cosas pasan, sobre todo que el bebé no mame…

Le espeté un “mi bebé está muerto“, se quedó blanco, me dijo que lo sentía mucho, me miró sin decir nada durante al menos un minuto que se me hizo eterno…así que cogí mis cosas y salí de allí corriendo. Creo que en ese momento hubiera sido de gran ayuda que ese señor me hubiera seguido por el pasillo y me hubiera acompañado a hablar con la matrona, pero no lo hizo.

Estaba sola en casa cuando regresé así que intenté seguir el consejo que me había dado. Cogí una venda y apreté fuerte. A la media hora empecé a sentir un dolor aún mayor del que ya sentía, no aguanté mucho más y me la quité. Y así pasé los días siguientes, con mucho dolor, con los pechos llenos de bultos, calientes, rojos. Con un malestar físico propio de la fiebre, que imagino que lo era aunque no lo confirmé con el termómetro.

De hecho, no hice nada. Cada mañana me despertaba deseando que mi camiseta estuviera seca y lloraba y lloraba al ver que no era así. Yo sólo quería que despareciera, no quería otra cosa. Lo sentía como un castigo. Con lo que nos había costado llenar los botes para Jael, con el sufrimiento que suponía ver que no era suficiente…y aparecía ahora, ahora que no tenía nadie para que la disfrutara. Ahora que ya no hacía falta. Así que mis sábanas siguieron mojadas de lágrimas y leche durante un par de semanas, mientras yo no hacía nada ni para paliar el dolor ni para mejorar la situación. Simplemente, me resigné y aguanté.

Cada vez que pensaba en Jael, que lloraba por su ausencia, que miraba sus fotos…cada vez que el llanto desconsolado venía a mi, lloraban también mis pechos doloridos.

Durante un mes y medio siguió saliendo leche si me apretaba el pecho en la ducha. Hoy sé que no me aconsejaron bien, que no tuve apoyo ni información para buscarlo. Sé que no hubiera donado la leche de Jael porque mi duelo empezó de una manera difícil y no me hubiera querido enfrentar a ello. De todas maneras, no sabía que podía. Pero si creo que hubiera manejado mi lactancia de una manera menos dolorosa a nivel físico de haberlo sabido.

No tenían que haberme dado las pastillas, mucho menos dármelas sin la información correcta.

No tenían que haberme recomendado vendarme los pechos.

Deberían haberme ofrecido apoyo e información. Y eso es lo que quiero para todas las mujeres que se tengan que enfrentar a ello.

Es por eso que he dedicado esta semana a visibilizar y a denunciar estas situaciones que se siguen dando, seis años después. Si conoces a alguna madre en duelo pregúntale por su lactancia, apóyala y ayúdala a encontrar información.

Esta es sólo mi historia pero seguro que muchas de vosotras os sentís identificadas con algún punto…y lo siento.

Gracias.

 

 

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