arcoíris·Nuevo embarazo

¿Qué es un bebé arco iris?

Un bebé arco iris Es un nuevo bebé que nace después de la pérdida de uno anterior. Es el entendimiento de que la belleza de un arcoíris no niega la ferocidad de la tormenta. Cuando aparece un arcoíris no significa que la tormenta nunca sucedió o que la familia no está lidiando con su dolor. Lo que significa es que algo hermoso y lleno de luz apareció en medio de la obscuridad de las nubes. Las nubes de la tormenta pueden todavía amenazar, pero el arcoíris provee un balance de color, energía y esperanza.” (www.maternidadarcoiris.com)

Así es. Después de una o varias pérdidas, un nuevo embarazo trae de vuelta una pequeña rendija abierta a la esperanza, a la ilusión. No es un final feliz, ni mucho menos. Es un nuevo comienzo, un nuevo paso adelante. La potencia que traen las ganas de dar vida.

Pero no es fácil. Normalmente, estos embarazos vienen cargados de miedo, de inseguridad, de ansiedad. Se vive en un viaje constante entre la alegría y la nostalgia, entre lo que no pudo ser y lo que quizá sea. Porque llegados a este punto, ya sabemos que nuestros hijos pueden morir, que un test positivo no es igual a un bebé en brazos. Porque se pierde la inocencia, y creo que es para siempre.

Durante estos nueve meses, la familia se puede sentir incomprendida. Si, incomprendida. Porque mientras los de alrededor ven “el problema resuelto”, ellos saben que no es así. Que su nuevo bebé no puede sustituir al que murió; que por más hijos que tengan, no olvidarán su pérdida; que el hijo que se fue ocupa un lugar tan grande en su corazón, que no puede ser reemplazado por nada. Nos enfrentamos de nuevo a nuestro querido tabú, a nuestras queridas frases hechas, al “ahora ya seréis felices”. A todo esto, que ya nos acompaña en el duelo y que no deja de estar presente en un nuevo embarazo.

Muchas mujeres dicen tener miedo a vincularse con el bebé que viene en camino. Es un sentimiento contradictorio porque, por una parte, tienen miedo de vincularse y que también esté bebé muera; pero por otro, tienen miedo de no hacerlo, y que muera, y no haberle dado el amor que merecía mientras estaba aquí. De hecho, muchas parejas no anuncian su nuevo embarazo hasta que éste ya está muy avanzado. Es una época de caos emocional, de culpa, de pena…pero a la vez, de luz.

¿Cuántas veces hemos escuchado eso de “No te pongas nerviosa, que se lo pasas al bebé”? Bien, pues una mamá que tiene un nuevo bebé en su vientre, inevitablemente va a vivir momentos de ansiedad, y tiene derecho. Todo el derecho del mundo. Y no debería sentirse mal por ello.

Se dice que los bebés arco iris son especiales, que tienen un brillo diferente. Y yo creo que es cierto. Estos bebés se gestan entre el miedo, entre miles de nervios, a menudo entre visitas constantes al médico. Frecuentemente se enfrentan a partos poco respetados, por la misma razón: el miedo a que todo salga mal, la presión social para dejarte llevar por las manos médicas, que son “las que saben”. Porque cuando llegas al hospital con un antecedente de muerte gestacional o neonatal, quedas catalogada como “alto riesgo”, como un sello grabado a fuego en la frente.

Y todo eso, estoy segura, influye. Y nacen fuertes pero sensibles, con una responsabilidad que no les toca pero que sin querer les atribuimos. La responsabilidad de quedarse, de aplacar el dolor, de llenar un poco el vacío. Vienen también con la certeza de que la vida es un regalo, que no hay nada que te pueda garantizar que mañana estarás aquí.

Gary, como ya sabéis, es un bebé arco iris. Él llegó para quedarse dos años y medio después de la muerte de su hermano. Y durante su embarazo, no hubo ni un sólo día en el que durmiera tranquila y confiada. Ni uno, os lo aseguro. Me pasaba el día pendiente de sus movimientos, los contaba, y si había algún rato en el que no se movía, me daba golpecitos o comía algo muy dulce para que despertara. Podéis leer el post en el que cuento su embarazo aquí.

Tenía control en dos ginecólogos diferentes; cada dos semanas, tres a lo sumo, ecografía; me pinchaba la heparina a diario desde el inicio del embarazo, me cuidaba, iba a nadar, no comía ninguna de las mil cosas prohibidas para embarazadas… Era pura ansiedad y pura obsesión. Recuerdo que acudía siempre a las ecografías con un nivel de ansiedad muy alto, que después, al ver que todo estaba bien, me relajaba. Pero al día siguiente, vuelta a empezar. Un caos emocional absoluto, y una culpabilidad tremenda.

Culpabilidad también por Jael, porque de repente me veía inmersa en una nueva ilusión y sentía que lo estaba reemplazando. Ese sentimiento de “si tu no te hubieras ido, Gary no estaría aquí”. Y la verdad es que es cierto, Gary no estaría aquí de no ser por la muerte de Jael. Podría haber tenido otro hijo en el mismo momento, pero no sería Gary.

 

Así que de ese vértigo, nació mi segundo hijo. Y sin ánimo de etiquetar, es un niño especial. Es un niño inquieto y nervioso, porque se gestó en una cuna inquieta; es un niño que consuela, porque me escuchó llorar mil veces; es un niño cariñoso y sensible, porque sabe que lleva dentro el amor de dos; es seguro, porque sabe que no hay niño en el mundo más deseado y amado que él; y es un niño que tiene una luz diferente, porque se necesita mucha luz después de una tormenta.

Sé que pensaréis que todo esto es amor de madre puro y duro, que también. Pero es que no sólo lo veo en Gary, lo veo en todos los niños que han nacido después de la muerte de su hermano. Lo veo en Max, en Eluney, en Nahual. Lo veo en Eric, en Darien, en Elia. En todos. Cada uno en su forma y cada uno a su manera, pero son especiales.

Para terminar, decir que no tenemos porqué pasar por esta etapa solas. Hay recursos, hay opciones, hay profesionales dispuestas a escucharte. En concreto os recomiendo a una buena amiga, Anna Escudé, y a su proyecto Maternidad Arcoíris. Con él os tiende la mano para transitar por este camino de dudas, desde una visión respetuosa y amorosa, y desde la experiencia propia que le han otorgado sus cinco hijos.

“Que la luz del Sol se abra paso entre las nubes y te permita ver el más bello de los arcoíris”

Gracias.

 

 

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Mi maestro de dos años

Me encanta ver cómo has crecido. Y como de dos mitades tan imperfectas ha podido surgir este TODO. Está claro, soy tu madre, para mí siempre serás el ser más especial de la tierra. Porque de verdad lo eres. Porque sin ti  nada sería lo que es ahora, ni yo misma.



Dos años de esta primera foto. No voy a decir eso de: “Y parece que fue ayer”, porque no es cierto. Ha sido duro el camino hasta aquí y he de reconocerlo. Sé que los que lean esto se echarán las manos a la cabeza, pero sí, ha sido duro y se me ha hecho cuesta arriba mil veces. Y me seguirá pasando. Porque así es la maternidad, difícil pero tremendamente gratificante. Pero luego te miro y es que lo eclipsas todo.
Y merece la pena. Aunque ya no sepa el significado de la palabra aburrimiento, ni recuerde lo que es despertarse descansada (esto es real, no me acuerdo); aunque me falten horas del día para ducharme, y ya imagínate para escribirte esto; aunque tenga más lista de espera que la seguridad social para poder tomar un café tranquila con una amiga. Merece la pena. Merece tanto la pena que no cambiaría nada de lo que somos ahora. No cambiaría ni uno sólo de los días de estos dos años.

Tú eres mi maestro. Siempre lo digo y siempre lo diré: lo que tu estás aprendiendo de mi no es ni un tercio de lo que aprendo yo a diario contigo. Me has enseñado el don de la paciencia infinita (no todos los días, hay que decirlo). Me has enseñado que las discusiones se solucionan solamente con un abrazo y que las lágrimas a veces son necesarias. Que las manchas son muy divertidas. Y pintar la pared también, porqué no. Y a decir que NO. Me encanta como lo haces tú cada vez que algo no te gusta, quizá debieras de darme una lección extra en eso. Me enseñas que mis rabietas pueden ser más grandes que las tuyas y que no importa la hora que sea, siempre será buen momento para un polo y un cuento, a poder ser de coches (coche camiooooon). Y sobretodo, me enseñas el amor más sincero y puro que existe en el mundo, y que este amor sólo es capaz de multiplicarse cada día.

Creo que papi y yo no lo estamos haciendo tan mal después de todo. Creo que un niño que se pasa el día comiéndote a besos, que le encanta abrazarte fuerte y que hasta te consuela y te toca el pelo en un mal día, es un niño que ha crecido con amor y cariño alrededor. No me puedo imaginar mejor crianza. Quizá sea porque es cierto eso de que los bebés arco iris vienen con una sensibilidad emocional de más. No lo sé. Quizá sea porque sabes que te queremos a rabiar y nos lo devuelves así, a tu modo.

La verdad es que no quiero que crezcas más. Me quedaría así, con tus tonterías y tu risa floja. Con tus payasadas para que nos riamos cuando has hecho algo que no debes. Con tus buaaaaaaa que cocheeeeee. Con tu manía de cogerme mi mano y ponértela en la cara para dormirte. Con tus carreras y tus pupas en las rodillas. Con tu insistencia para que te ponga los dibujos (¿adivinas de qué?). Con el enorme pero perfecto caos que hay en casa ahora que lo pones todo patas arriba. Y cuando digo todo, es TODO.

Me quedaba aquí, pero sé que es imposible y que hemos de seguir creciendo, como hemos hecho siempre. Es lo que debes hacer, seguir creciendo y aprendiendo, seguir enseñándome y hacerte un niño grande. Pero poquito a poco por favor, dame tiempo para disfrutarte, para seguir abrazando ese cuerpecito robusto y seguir durmiéndote en mi pecho todo el tiempo posible.



Yo no puedo enseñarte nada más que mi ejemplo. No puedo evitar que te caigas, ni debo. Lo que sí puedo prometerte es que te acompañaré siempre en el camino, elijas el que elijas, y que siempre tendrás mi mano a tu alcance.

Gracias, mil gracias por elegirnos como padres. Gracias por tus dos años de alegrías y de noches sin dormir. Gracias por el aprendizaje, por el amor que desprendes por todos los poritos de tu piel.
Mil gracias por existir y mil gracias por quedarte.

Disfrutaremos de este nuevo año juntos, los cuatro. Feliz cumpleaños “chiquituelo”.